Creo que no estoy sola. He visto varias reseñas que se quejan del exceso de páginas al principio de la obra. Compré el libro el 3 de marzo de 2026 y comencé a leerlo a razón de media página cada noche. No pasaba nada. En la página 400 yo todavía no podía adjudicar a cada personaje su oficio. Todo era como un refrito entre Friends y St. Elmo´s Fire. Todo pasa siempre en Nueva York.
Tenía la mente casi en blanco mientras leía. Me obligaba a subrayar una que otra cosa cada cierto tiempo. Me gusta mantener un diálogo con quien quiera que sea el que tenga acceso a mi pequeña biblioteca ordenada por colores.—sí, ya escucho a los puristas de la lectura rasgándose las vestiduras. Pero por alguna razón no me rendí, lo cual era mi derecho inalienable como lectora. Seguí adelante tratando de encontrar el agarradero.
Entonces llegué a la página 430 el jueves pasado y comencé a desmoronarme de manera sistemática. Hoy terminé de leer. Fueron 6 días de llevar el libro a todas partes. Llegué hasta la página 1002 y como podrán darse cuenta tuve que volar hacia la computadora para poder entender cómo me sentía respecto a la sobredosis de dolor y amargura a la que fui expuesta por medio de la novela.
Y es que sencillamente era imposible que alguien fuera tan desafortunado en la vida. Jude tiene cada razón posible para desestimar el valor de su vida hasta el límite de la locura. ¡Qué mala leche! me digo a mí misma mientras espero que el tranque sea lo más largo posible y yo pueda llegar hasta el final entre semáforo y semáforo.
Esa temática siempre se me hace muy dura como en el caso de The Kite Runner y Sleepers. Es un boleto solo de ida a la situación más lacrimógena que uno se pueda imaginar. Como no conozco a más nadie con quién discutirlos he surfeado la web durante toda la semana. Allí me he dado cuenta que la cantidad de infortunios por los que pasa el protagonista han sido quirúrgicamente pensados para ver qué tanto puede aguantar un lector. La exageración es intencional. En un momento de la lectura se me figuró que estaba leyendo La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, solo que sin el realismo mágico ni el humor negro.
Cuando llegué al parlamento del que se extrajo el nombre del libro, sentí como si me hubieran sacado el aire de un golpe en el estómago. El ataque de Caleb me hizo darme cuenta que jamás había pensado que en una pareja gay pudiera haber maltrato doméstico. Tuve que leer 4 veces los párrafos posteriores a la descripción del color del auto (harlot red), porque mi mente se negaba a entender lo que estaba pasando. Tabúes destapados por todos lados. Secretos llenos de gusanos viscosos que se retuercen dentro de la cabeza de la gente. Un estilo narrativo que fue mejorando con cada página, perturbador pero en algunos momentos desgarradoramente hermoso. Pude ver en blanco y negro aquel pensamiento que siempre me ha intrigado sobre la sexualidad de personas que son straight, pero que en algún momento se enamoran de alguien que happens to be es de su mismo género. Creo que eso es algo que nunca me he atrevido a formular en voz alta. Hay temas de los que no se habla. El libro me generó preguntas y reflexiones que seguirán en mi mente por algunas semanas. Estoy segura.
Tan poca vida es un libro terrible, imposible para personas muy sensibles. Ni siquiera en una triste reseña que nadie va a leer me atrevo a llamar a las situaciones por su nombre. Uno por no espoilear y dos porque es muy fuerte siquiera pensar en tanta desgracia. Jude es como un imán que atrae a lo peor de la miseria humana y a lo mejor de la capacidad de amar a alguien sin importar cuán jodidos estén su mente y su cuerpo.
Ahora tengo un problema. Quiero releer esas 400 primeras páginas y si no las leo, al menos encontré un podcast en Spotify en donde leen el libro completo. Ideal para mis paseos en bicicleta. Debo haber perdido tantos detalles en mis primeros intentos por meterme en ese mundo que ahora tendrían mucho más sentido para mí. Pero también es necesario que me ponga a leer algo más positivo y luminoso. Apostaré por Proyecto Hail Mary, el cual no me había atrevido a abrir, porque implicaría que me había dado por vencida con Jude, Willem, Mal y JB.
Hace 19 años llevé a cabo uno de mis más caros sueños editoriales. Como Coordinadora de Difusión Cultural de la Universidad Tecnológica de Panamá, recuperé del fango del olvido un libro bibliográfico—también terrible—llamado A través del tormento, de Francisco Clarck, que es un relato crudísimo sobre un hombre víctima de una enfermedad que lo convirtió en un cadáver viviente, imposibilitando cada movimiento de su cuerpo y cuya historia conocemos porque una niña le hizo la misericordia de recoger su dictado y así inmortalizar su sufrimiento. Hay muchas similitudes entre la vida de Jude y la de Francisco. Ambos libros te hacen levantar la mirada de las letras y mirar al vacío en busca de oxígeno.
Llámenlo masoquismo literario pero es satisfactorio que una obra nos afecte, nos incomode, nos haga pedazos y trate de recomponernos. Los finales infelices hacen que uno sienta cosas y por comparación con el opuesto, nos lleven a valorar cada pequeña bendición y a aterrorizarnos por lo que podría esperarnos en la próxima esquina.
