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jueves, 3 de septiembre de 2015

Un niño sin patria

Un niño sin patria
(En memoria de Aylan Kurdi)  
“Ama, pues, al forastero, porque forastero fuiste tú mismo en el país de Egipto.”
Deuteronomio, 10,18

Parece que duermes. Y que en tu sueño esperas que te rescaten. Que te salven. Que te den otra oportunidad. Pero eso es un engaño. Un error de percepción. Ya nada puede hacerse. Eres tú el que rescatas. El que salvas. El que das otra oportunidad. Porque aunque yo esté a miles de kilómetros de ese mar que te ha devuelto al mundo que te ha fallado, me has estremecido cada pedazo del alma. Me has recordado que soy persona y que contigo se ha ido algo de lo bueno que vivía en mí.
Me has confrontado con mis límites y mis nacionalismos absurdos. Me has denunciado que anoche no oré por los que como tú, han tenido que salir de sus casas, de sus tierras y de las fronteras de sus sueños para implorar un pedazo de espacio donde sea. Donde sus cabezas no tengan precio. Donde su Dios no sea una amenaza al poder. Donde a uno lo dejen creer en lo que sea.

Me lo pienso un poco al escribir artículos como este. Trato de no hacerlo al calor del momento y me digo que suficientes cosas tristes suceden para que nosotros incluyamos temas que ya han sido ampliamente abordados por otras plumas más calificadas. Cuando iniciamos esta revista, nuestro sueño era y sigue siendo documentar las cosas buenas y bellas de este suelo inmenso en belleza y en bendiciones que es Chiriquí. Y hemos cedido al orgullo del regionalismo y de la defensa de nuestras costumbres, nuestra ideología de patria chica y nuestro celo ancestral de mantener  y preservar lo que somos. Sin embargo y como en otras ocasiones, nuestra provincia vive en el contexto de la historia del mundo. Y ahora que “el mundo es plano” no podemos sustraernos de una dinámica que cada día hace más importante nuestras acciones u omisiones. Ante el conocimiento que se abre a nuestros ojos, también tenemos grandes responsabilidades, pues nunca antes en la historia el ser humano ha estado tan empoderado para hacer cosas trascendentales y compartir con el resto del mundo sus logros.

Pero al mirar la fotografía de Aylan, una y otra vez, no puedo evitar sentirme diminuta. Fracasada como ser humano. La realidad es que del otro lado del mundo hay un ejército de hombres dispuestos a aniquilar a pueblos enteros por imponer su dios y su ley. Y de este lado del mundo estamos cerrando las puertas a quienes huyen de la miseria humana. Quizás no hay nada que yo podría hacer para que niños como Aylan  logren llegar a salvo a la orilla, pero no he hecho nada a mi alrededor para mitigar el dolor ajeno. Aquí a la vuelta de la esquina hay extranjeros que buscan una mejor vida lejos de sus patrias. Hay huérfanos que esperan por la calidez de una familia, niñas embarazadas que buscan una oportunidad de avanzar, fundaciones que piden aunque sean centavos para tratar de enmendar cosas en las que como sociedad hace mucho tiempo dejamos de funcionar correctamente.

Te miro de nuevo y siento que no he amado lo suficiente. Me has desmoronado ante mi ineptitud de ser la samaritana. De pensar que soy buena. De fallar constantemente en la solidaridad con el hermano.

La situación de los desplazados nos debe afectar, porque en un mundo sedado por la frivolidad y el circo, entumecido por las tecnologías y secuestrado por el individualismo, estamos perdiendo la capacidad de indignarnos frente a la injusticia. Y eso nos disminuye como seres humanos. Nos aleja del amor. Hace que nuestras vidas dejen de ser dignas de vivirse. Porque nada nos realiza como el contacto con el prójimo.

Hoy les pido que discutan con sus hijos y sus seres amados la situación de los refugiados sirios. Aunque sea por un minuto, que toquen el tema en sus aulas. Seamos gente. Hoy les pido una oración, no por Aylan quien no conoció la maldad y es un ángel que pide a Dios por nosotros, sino por nosotros mismos. Porque no nos dejemos cosificar ni renunciemos a nuestra humanidad.


sábado, 9 de junio de 2012

Papás fuera de serie, para niños fuera de serie


Publicado en el Suplemento "Ellas" del Diario La Prensa, Panamá
Extra del Día del Padre
Miércoles 6 de Junio de 2012

Por Klenya Morales de Bárcenas
@KlenyaMorales

Alice: “¿Hasta cuándo con el fútbol? No es normal que todos los días haya una copa, un clásico, un mundial. ¡Qué desastre!”
Sidny: “¿Y qué me dices del cambio compulsivo de canales que no te deja terminar de ver ningún documental de Discovery Channel? ¿Qué hay de malo con un par de comerciales?
Klenya: “¿Y los viernes de 6 a 8 con los muchachos? Nada que ver. No me da la gana.”
Alice: “Pero mira, aquí me acaba de mandar un chat… tan bello él.”

Esta es una charla banal. Digna de cualquier café, pasillo de farmacia o salón de belleza. Sí, esos lugares que cualquier mujer frecuenta. Pero hoy no vamos a hablar de ellas. Lo importante aquí, son los “chicos” de los que hablan. Los hombres que han permanecido a su lado para afrontar una vida diferente. Ellas están hablando de los padres de sus hijos nacidos con condiciones inesperadas.

Cuando nace un niño especial en tu hogar, la familia se vuelve miembro de un club muy exclusivo. Un mundo extraño se abre ante todos. Los doctores, las terapias, los tratamientos en el exterior, las recomendaciones, las medicinas, los métodos, el financiamiento. Los planes originales quedan en un cajón y hay que replantear todo.

Rafael Altamiranda, 38 años    
Papá de Juan Diego, niño con Síndrome de Down


Rafael Altamiranda es un salsero de acero.  Abogado de profesión y con maestrías gerenciales. Fue hijo de un papá más proveedor que amoroso; que no se sentaba a jugar, hacer tareas o leer cuentos. Esas eran cosas que hacía la mamá.  Pero Rafa se convirtió en un "papá fuera de serie" de un día para otro. Aunque no era un papá primerizo, el nacimiento de Juan Diego fue su primera vez en un quirófano, la primera vez que recibía un recién nacido en sus manos. Todo empezó cuando la neonatóloga dijo: "Houston, we have a problem. Hay que hacer análisis, porque algo no luce bien...”.

Lo normal habría sido llorar, pensar que era el final de su mundo. Pero lejos de sentirse desesperado, se preocupó por el "dolor" que esa noticia pudiera causar en su Alice, la nueva madre "especial".  Él entendió primero lo que significaba tener un hijo con condiciones atípicas en casa.  No era el fin del mundo sino el principio del resto de sus vidas. 

Pregunta hipotética: ¿Qué habrías hecho diferente al momento del nacimiento de Juan Diego, sabiendo lo que sabes ahora? “Tendría más fe en Dios y en lo que Él nos da capacidad de manejar. Por momentos fui débil y sin esperanza. Me costó mucho emocionalmente y siento que pude manejarlo mejor y ser más fuerte para apoyar a mi familia. Juan Diego es un ángel que nos ha traído innumerables bendiciones, pero al momento en que se nos informó su condición fue inesperado y difícil se manejar para mí.”
Tu relación con el miedo: “Él por allá y yo por acá (sonríe). El futuro no existe porque no ha llegado y el pasado tampoco porque ya se fue, de lo que tengo control es de hoy y eso es lo único que me importa.  La llegada de Juan Diego me enseñó a no tomarme las cosas tan en serio.  A ocuparme de lo que hace la diferencia. Mi relación con Dios es mejor, la vida tiene otro color.”
El momento más difícil, fue sin dudas, su cirugía de corazón abierto. Un suplicio. Los mejores momentos son  cuando se ríe a carcajadas.  Sus primeros pasos y sus primeras palabras.
Sobre el amor: El amor es la medida de la vida. Es el combustible para vivir. Para ser papá de Juan Diego se necesita ser comprensivo, enérgico, balanceado y amoroso.

Carlos Bárcenas, 34 años
Papá por elección, de Trinity, niña prematura con trastorno generalizado del desarrollo


A Carlos Bárcenas le encanta el orden. Tener control sobre todo. Es un ingeniero eléctromecánico a quien le gusta estar en casa. Nada que ver con la rutina. Ama viajar. Se levanta en las madrugadas a ver Fórmula 1. Geek total de la tecnología, tiene que tener lo último en materia de gadgets. Le encanta pasar tiempo con sus amigos y comer bien. Mantiene los videojuegos a raya, porque pueden ser muy absorbentes.  Pero su vida “normal” se revolucionó al aceptar la aventura de ser el padre de crianza de Trini y formar una familia ella y su madre. 

Nos cuenta Sidny, que Carlos se enamoró de Trinity primero que de ella. Su prematuridad y fragilidad no superan al azul de sus ojos y sus rizos rubios, y ganaron el corazón de este papá.  A Carlos no le tomó mucho decidir que quería ser parte de la vida de ambas chicas.  Carlos eligió ser un papá especial y eso ha llenado su vida de cosas nuevas.

Nos habla del miedo: “Mi relación con el miedo se hace más llevadera.  Lo voy controlando.  A lo largo de mi vida siempre ha existido el miedo por motivos diferentes, que luego me doy cuenta que eran sensaciones  provocadas por situaciones que se podrían presentar en el futuro, pero que en el presente no son reales.  Hoy es diferente, pues tengo nuevas responsabilidades.  Soy papá, guía y soporte.   A medida que uno sepa sobrellevarlos y sobre todo con la ayuda de Sidny, los miedos van desapareciendo.
Con Trinity, estoy aprendiendo a ser más tolerante, más paciente. Ahora las cosas se hacen en función de nosotros como familia y sobre todo en función de Trinity.
Para ser Papá de Trinity se requiere amor, tiempo para entender esa cabecita, tiempo para ayudarla; pero todas esas cosas Trinity las consigue  solamente con una sonrisa.”
Lo más difícil de su rutina es alimentarla por boca. Los mejores momentos son verla reír, verla jugar, verla luchar.”

Maclovio Del Castillo, 58  años
Papá de Jamal y Jamil, gemelos prematuro con trastorno del desarrollo e hipoacusia.


Maclovio Del Castillo es orfebre. Trabaja relojería y joyería en general en su puesto en la peatonal. Le gusta ver jugar al Barca por la calidad de sus jugadores. De joven era pescador en la Avenida Balboa. Ahora es pescador de tierra, porque “la cosa está dura”. Apoya a la selección nacional en todo lo que representa. Le encanta el boxeo. Es padre de 12 hijos. Le gusta la sopa colonense, pues es orgullosamente, cédula 3. A su esposa, Maribel, le brillan los ojos de emoción al hablar de su marido. “Es un buen hombre. Trabajador y divertido. Mientras yo lloraba por los pasillos del Complejo, él era mi fortaleza y tenía fe en Dios de que todo iba a salir bien”.

Sus gemelos Jamal y Jamil nacieron cuando tenía 55 años. Luego de una gestación de cinco meses y medio, estuvieron tres meses y medio en incubadora. A raíz de esta situación los gemelos presentan distintos grados de hipoacusia y algunos trastornos generales del desarrollo. A pesar de todas las complicaciones, está sacando a su familia adelante. Se considera un padre proveedor, ya cada vez que puede, ayuda en la casa y pasa tiempo con sus niños.

Su papel en la vida de los gemelos: “Asegurarme de que echen pa´lante y tratar de que tengan todo lo que necesitan.  Enseñarles a que saquen el máximo de su situación y a pesar de sus limitaciones.”
El peor consejo que me dieron: “La doctora me dijo que no había esperanza para mis niños. Yo le dije que ellos querían vivir. Y seguí adelante. Y ahí están, superándose cada día.”
Lo que aprendí de ellos: “Ellos son una terapia para mí. Cuando llego estresado a casa, me dan su cariño. Son tremendos.”
Tip a los papás: “Hay que entenderlos. Ser muy observador y tener mucha paciencia.”
Los peores momentos: “El no saber hace las cosas más difíciles. No sabía qué esperar.”

                                        
Juan David Bárcenas, 37 años
Papá de Juan David (“Cutín”), niño diagnosticado con Asociación de Charge


Juan David Bárcenas es abogado y papá primerizo del pequeño Cutín. Apasionado por la historia de las guerras, especialmente la Segunda.  Orgulloso de Roberto Durán, Rubén Blades y Rommel Fernández.  Fanático incurable del equipo de fútbol argentino y de todo lo que tenga que ver con Chiriquí.

Cuando estás embarazada, la gente no se cansa de advertirle a tu esposo que cuando el bebé nazca, él pasará a segundo plano en todos los aspectos. Que él ya no será tu prioridad. Que ahora todo girará en torno al bebé. Pues bien. Yo voy a hablarles de la vida real. Cuando mi hijo nació, yo perdí a mi esposo.  Pero no imaginen lo peor. No se fue de la casa ni nada por el estilo.  Juan David se volvió loco de amor por su hijo.

Y fue un amor que floreció en el desierto. Porque cuando nuestro pequeño nació todo comenzó a ir cuesta abajo.  Nadie sabía a qué nos enfrentábamos. Lo que debía ser el tiempo más feliz de nuestras vidas, se convirtió en un abismo de desesperanza. Pero fue allí en donde encontramos el amor.

Fue Juan David quien hizo los arreglos del traslado al hospital, quien coordinó los exámenes, citas, turnos de vigilancia, enfermeras auxiliares, labores de la casa, mi atención postquirúrgica. Y amó a su hijo desde el primer momento.

En sus propias palabras: “Mi principal papel es hacer que Juancito se sienta profundamente amado y comprendido.  Los seres humanos hemos sido creados para amar y la única forma de hacerlo, es recibiendo amor. Y la primera experiencia de amor se da en el hogar.  Esto forjará su espíritu y personalidad y lo ayudará a conocer a Dios.  Tendrá la seguridad y estabilidad para seguir creciendo en la vida.”

El peor consejo que te dieron: “La verdad no recuerdo un consejo que pudiera calificar como “malo”, con relación a mi hijo.  El mejor: No dudar del amor de Dios y reconocer que mi historia y la de mi hijo son perfectas, porque Dios así lo ha querido y lo ha visto bien, en lugar de vivir pensando que lo mejor son mis estereotipos.”

“Si pudiera revivir las primeras horas de su vida, trataría de no permitir que mi razón manipule mis pensamientos, haciéndome ver el peor escenario.  La fe abre una dimensión mucho más amplia y perfecta de la vida. La razón te engaña.”

“Mi hijo me ha permitido aprender a ver la vida es mucho más que de la búsqueda de la comodidad, éxito personal, riquezas materiales y las cosas que afanan a la sociedad. En la vida hay que amar y entregarse tu prójimo (que en mi caso son mi esposa y mi hijo). Esto le da sabor y picardía a la vida.  Son cosas que nada de lo material le da.”

Los papás fuera de serie son doctores, buhoneros, banqueros, plomeros, científicos. Venden raspados bajo el sol y la lluvia. Manejan ventas millonarias. Sus vidas son iguales a las de cualquier otro papá, pero también son diferentes. Llevan a sus pequeños a las citas. Compran viandas a las actividades escolares y disfraces de torero, de Cenicienta o de pirata.  Escogen los motivos de los cumpleaños.  Les encanta ir a Félix a elegir los juguetes en las navidades. Desafían al miedo. Y han conocido una nueva forma amar.

Muchas madres especiales se quedan solas al mando de la situación.  En una sociedad en la que pocos aceptan sufrir y afrontar la adversidad, en más de una ocasión el padre se da por vencido y se va. Estas son historias de héroes. La vida ha exigido más de estos padres.  Son hombres a otro nivel. Hombres de verdad. De esos que se quedan, cuando la lógica dice “Sal corriendo”.

  
Abuelos fuera de serie

Mi papel en la vida de mi nieto: 
Tratar de ser soporte, guía, modelo.
Sólo he recibido buenos consejos. 
Que tenga fe, que siga adelante. 
Buscar gente que sepa. 
Ir hasta el final. Que la ciencia avanza cada día.
Sólo puedes estar allí. Rezar. 
Estar al lado de tus hijos.
He aprendido a amar y a luchar. 
Mi nieto es un guerrero.

Olmedo Morales M. (Abuelito de Cutín)

viernes, 14 de octubre de 2011

Los últimos de la fila

Los chiricanos somos orgullosos de nuestro origen y hasta insoportables para muchos. Eso es un hecho. Pero nos sobran las razones. Y no precisamente gracias a nuestros gobiernos centrales. Estas líneas van dedicadas a todos aquellos que juraron defender los intereses del pueblo. Para recordarles que Chiriquí también es parte de ese pueblo.

Nunca me he considerado “del interior”, como nos dicen los capitalinos. Lo siento despectivo y distante. Pero es la realidad. Del puente para acá y de Tocumen para allá, para lo único que servimos es para la hora de contar los votos y para que los metropolitanos se escapen de Panhattan-- ese caos que ha resultado de cubrir y dejarse cubrir hasta el último centímetro de tierra –y de mar—de concreto. La desidia de los Gobiernos Centrales hacia “el interior” es tan atroz y tan común que a nadie le sorprende. Siento que cuando nos cumplen, es para no quedar mal. Somos un mal necesario.

Pero saben una cosa. Ya no nos importa. Nos hemos acostumbrado a sus migajas y hemos seguido hacia adelante. Seguimos pagando los impuestos del César y a sus mediocres pretores locales. ¡No ha alcanzado ni para nuestro nuevo estadio de béisbol!

Y seguimos caminando del lado de Dios, que no nos olvida y que nos llena de fuerza, amor y entusiasmo. Y que nos regala un cielo más azul y un aire más puro.

No somos PTY. Y ni ganas tenemos. Somos Panamá y la patria es mucho más que un landscape de película, una Asamblea circense o una clase política decadente que se ríe de un pueblo pacífico y optimista.

Que estoy generalizando. Tienen un punto y de antemano me disculpo con los que no tienen nada que ver. Hay muchos que panameños que se identifican con nuestra causa y sienten este suelo chiricano como suyo. Que estoy enfadada. Tienen razón. Pero también estoy feliz. Feliz de que ese olvido, conserve lo que aún nos queda de belleza, de la que todos somos responsables. Que el precio exorbitante de los pasajes de avión haga difícil que PTY se traslade en pleno a Chiriquí todos los fines de semana. Que los medios de comunicación repliquen la mala vibra y no tengan espacio para las buenas noticias de los interioranos.

Nos la seguiremos arreglando con lo que sobra después de los robos de los funcionarios, los sobresueldos de los allegados al poder, las botellas, las contrataciones directas, los subsidios electorales y la malversación de fondos. Necesitamos más que carreteras: también queremos seguridad, museos, monumentos lindos, parques verdes y tenemos deseos de una vida mejor.

Pero reclamamos y alardeamos de lo que nadie nos puede quitar: pertenecer al suelo de Belisario Porras, Roberto Durán, Mariano Rivera y María Olimpia de Obaldía.
Seguiremos vistiendo la camiseta roja.
Seguiremos jurando a la tricolor.
Porque lo panameños, no nos lo quita nadie.



Tan poca vida: un viaje hasta los límites del dolor

Creo que no estoy sola. He visto varias reseñas que se quejan del exceso de páginas al principio de la obra. Compré el libro el 3 de marzo d...