jueves, 8 de febrero de 2018
Coco, o la importancia de contar tu propia historia
El que me conoce bien, sabe que no soporto las películas animadas. Cuando mis hijos ven cómicas en mi presencia, yo oprimo el botón de mute y simplemente los hago escuchar mi música favorita en el fondo. Es eso o no ven nada.
Dicho esto, les cuento que el 9 de enero, después de ir a la marcha y desayunar a las 2 de la tarde, decidimos llevar a Cutín a ver “Coco” al cine. Ya estaba yo decepcionada porque justo el día anterior fui a ver The last Jedi, y no pretendo decirles mi opinión sincera sobre la película.
Yo no esperaba nada de “Coco”. La misma gente que me dijo que “Up” daban ganas de llorar y que “Intensamente” es lo máximo, me recomendó esta nueva película de Pixar, que ya llevaba un Golden Globe sobre sus espaldas.
El resultado: No tengo palabras. No solamente adoré cada segundo de la película, sino que llevo once días pensando en el tema que más me conmovió de esta obra de arte. Pero de filosofía les hablaré más adelante. Ahora les hablo de lo obvio.
El trabajo de animación es impecable, exquisito si se quiere. El doblaje al español es apropiado, y una vez que esperas los créditos (así de buena es, te quedas hasta el final) te das cuenta de que las voces son de artistas del más alto nivel. Gael García Bernal hace la voz de Héctor, Marco Antonio Solís –el Buki— interpreta a Ernesto de la Cruz. Angélica Vale—que una vez vino a David para la Feria del Niño y el Juguete que organizaban los 20-30—es la voz de Mamá Imelda. La laureada Elena Poniatowska, autora de uno de mis libros periodísticos favoritos (La noche de Tlatelolco) interpreta a la abuelita Coco. Una belleza de inclusión de nuestros “ancianos de la tribu” en los nuevos métodos de difusión de historias. El inmortal Xavier López “Chabelo” es el oficial de la aduana entre nuestro mundo y el mundo de los muertos. La siempre espectacular Ofelia Medina hace la voz de Frida Kahlo. En fin, Héctor Bonilla hace la voz de los tíos gemelos ¡hasta César Costa, de la Carabina de Ambrosio hace voces en este clásico automático de la historia de la animación!
El score, o banda sonora de la película, es adecuado, las canciones memorables. Me atrevo a pensar que pasarán inmediatamente al ideario infantil de esta generación. La música es un personaje principal. Es la causa, el motor y el fin. Literalmente.
Como dije antes, hay una idea que no me deja de dar vueltas desde esa tarde de Matinée. Ya había escuchado esta idea en la famosa charla TED de Chimamanda Ngozi Adichie, la cual deben ver en caso de que no les suene a nada. Me permito citarla, pues en verdad pienso que su charla es muy poderosa. “Yo escribí la clase de historias que yo leía: Todos mis personajes eran blancos de ojos azules, jugaban en la nieve y comían manzanas, conversaban sobre el clima y lo agradable que era que el sol hubiera salido. Yo escribía así a pesar del hecho de que vivía en Nigeria y nunca había salido de allí. No teníamos nieve, comíamos mangos y jamás hablábamos del clima, porque no había necesidad”.
Automáticamente me hizo click una idea, que si bien no es original, me parece oportuno debatir. Hasta cuándo los que no somos caucásicos tenemos que implorar migajas en el mundo de la imaginación o en la cultura pop mundial. Coco es un hermoso legado para todos los niños latinos, ni hablar de los mexicanos. La globalización no es que Serling K. Brown haga el papel de Thor, o que Lisbeth Salander se mueva en silla de ruedas. Estoy convencida que si contamos nuestras propias historias y confiamos en nuestras voces, en nuestra música y en nuestros recuerdos, los resultados serían tan espectaculares como los de Coco. La globalización entonces será la universalidad de nuestra humanidad. Inclusión no es hacer un refrito de Friends con solo mujeres, o latinos, hindúes o personas en sillas de ruedas. Uno solo es minoría respecto a la situación geográfica, pero la cultura “blanca” por ponerle algún nombre, no es mayoría en el planeta. Creo en las historias bien contadas. Coco ha apostado por una historia nueva y fresca para todos, contada desde el lugar común de los mexicanos. A creer en nuestros cuentos. No dejemos que lo políticamente correcto acabe con la emoción de la historia original.
Tan confabulada quedé con la hermosa película que estoy a punto de quemar mi “novela” de viaje en el tiempo y en su lugar, contarles la historia de mi mes en la sala de maternidad de la Especializada. Las cosas que vi. La noche que una paloma entró volando a mi cuarto. El episodio de la chica embarazada que desde mi cuarto veía cómo se quemaba su casa detrás del Artes y Oficios. De cómo el jefe de Ginecología me contaba de sus vueltas con Torrijos por comunidades en el fin del mundo.
El único modo de preservar nuestra cultura es contándola. Teniendo fe en nuestras historias. No renunciando a los sueños. Somos lo que somos, sin vergüenza ni complejos, y cuando abrazamos nuestra historia abrimos la puerta al mundo para que sepa que existimos.
Yo no pierdo la esperanza de que Cien años de soledad caiga en manos de Netflix, y pronto gocemos de la adaptación de la historia de los Buendía con la misma calidad de Juego de Tronos.
Tan solo es una idea.
lunes, 17 de julio de 2017
Vainas de la paternidad
No lo voy a negar. Hay gente que cree que inventó la maternidad. Hablan de los hijos como si no hubiera nada más entretenido en la bolita del mundo amén. Las notas, los psicólogos, las medallas, el día del niño estrella, los cumpleaños, que mi niño baila Des-pa-ci-to, que has fracasado como padre, que eres el mejor padre del mundo, que lo que les falta a los chiquillos es cuero, que si tú eres el mejor amigo de tus hijos, que si a ti no te engañan, que si les enseñas a beber desde casa para que no se inicien en la calle, que si la banda, el típico, los tutores, que les hablas en inglés para que todo sea más fácil, que si el Karate, o el ajedrez o el ballet al que obligan a todos sus familiares a ir. Que si la rebeldía de la adolescencia. Que si tuve que ponerme firme con el maestro.
Man, hasta cuándo.
Basta.
En serio.
Y me incluyo.
Y es que eso de la paternidad es uno de los grandes misterios de la Creación.
Por qué rayos querría uno tener hijos? Qué misteriosa fuerza nos compele a reproducirnos y seguir reproduciéndonos? Uno entiende al primero, pero dos, tres, cuatro?
Lo que sí no es un misterio, es lo que sucede una vez que tienes hijos
Aunque uno quiere que la casa parezca de revista, que cuando él llegue se respire tranquilidad, que todo el engranaje funcione perfectamente, esos deseos no son más que ilusiones. La gente debería saber que detrás de una casa en orden, hay un millón de ideas sobre las que al menos yo, no pude escribir. Cientos de llamados de inspiración que tuve que ignorar, porque mis hijos se volvieron mi prioridad. Porque eso de que un pedazo de uno ande por allí a la libre no puede ser.
Hace tiempo me resigné a que las cosas aquí no pueden ser perfectas. O limpieza o felicidad. Pero uno no puede tener todo, al menos no al mismo tiempo.
El éxito es relativo a cada ser humano. Mi éxito es no tener la vibra de acabada por la vida que tienen algunas mujeres de mi edad. Esas que no beben porque el guaro las engorda. Las que destinan un sueldo entero a tratamientos de plasma y botox y se ven inmaculadas. Mi éxito es dormir a mis hijos en la noche y sentir que uno huele a maracuyá y a jabón, o ver cómo el otro se quedó vencido abrazando el libro de El Principito, un Stormtrooper y al Capitán América. Luego de asegurarme de que están fuera de combate, bajo las escaleras a toda velocidad y procedo abandonarme a las profundidades de Netflix con un vaso razonable de gin y tonic o una Stellita bien escarchada. O sumergirme en ese libro que me encanta pero que me da pena que la gente sepa que estoy leyendo. Esos son mis éxitos. Cerrar los ojos.
Los hijos son brutales. Son cositas increíbles. Pero una vez que los tienes, momentos como el que describo no tienen precio. Son un éxito y como tal se aceptan y se capitalizan. Son mi descripción de éxito.
Uno corre de aquí para allá con desenfreno, tratando de que tomen suficiente agua, coman sus verduras, tomen sus vitaminas, no vean mucha televisión, reciban buenos ejemplos, no se traumen, lleven la chicha de saril y el turbante a la celebración de la etnia negra, tengan las camisas planchadas, salgan al parque un ratito. Uno respira profundo y de repente se hacen las nueve de la noche y todavía están despiertos.
Cuando finalmente caen bajo la democracia del sueño, te les quedas viendo, con sus caritas de paz y sus pies afuera de las sábanas. Y te da una melancolía y un sentimiento de culpa por haber deseado tan vehementemente que se durmieran. Porque el tiempo pasa rápido y ya mañana no van a querer agarrarse de tu falda. Porque ser padre es sentirse culpable de no haber hecho lo mejor. Uno nunca queda bien con uno mismo.
Para mí es un misterio el que los humanos aún no nos hayamos extinguido. Lo juro. El misterio de la paternidad, es demasiado insondable. Es increíble. A aquellos que decidieron no ir por ese camino y se resistieron a los cantos de sirena del reloj biológico, mis respetos. Ellos tendrán otro tipo de éxitos. Y cada quién tripea sus éxitos.
Oh no. Creo que alguien gritó "Mamá"
Salud.
Ciao.
Man, hasta cuándo.
Basta.
En serio.
Y me incluyo.
Y es que eso de la paternidad es uno de los grandes misterios de la Creación.
Por qué rayos querría uno tener hijos? Qué misteriosa fuerza nos compele a reproducirnos y seguir reproduciéndonos? Uno entiende al primero, pero dos, tres, cuatro?
Lo que sí no es un misterio, es lo que sucede una vez que tienes hijos
Aunque uno quiere que la casa parezca de revista, que cuando él llegue se respire tranquilidad, que todo el engranaje funcione perfectamente, esos deseos no son más que ilusiones. La gente debería saber que detrás de una casa en orden, hay un millón de ideas sobre las que al menos yo, no pude escribir. Cientos de llamados de inspiración que tuve que ignorar, porque mis hijos se volvieron mi prioridad. Porque eso de que un pedazo de uno ande por allí a la libre no puede ser.
Hace tiempo me resigné a que las cosas aquí no pueden ser perfectas. O limpieza o felicidad. Pero uno no puede tener todo, al menos no al mismo tiempo.
El éxito es relativo a cada ser humano. Mi éxito es no tener la vibra de acabada por la vida que tienen algunas mujeres de mi edad. Esas que no beben porque el guaro las engorda. Las que destinan un sueldo entero a tratamientos de plasma y botox y se ven inmaculadas. Mi éxito es dormir a mis hijos en la noche y sentir que uno huele a maracuyá y a jabón, o ver cómo el otro se quedó vencido abrazando el libro de El Principito, un Stormtrooper y al Capitán América. Luego de asegurarme de que están fuera de combate, bajo las escaleras a toda velocidad y procedo abandonarme a las profundidades de Netflix con un vaso razonable de gin y tonic o una Stellita bien escarchada. O sumergirme en ese libro que me encanta pero que me da pena que la gente sepa que estoy leyendo. Esos son mis éxitos. Cerrar los ojos.
Los hijos son brutales. Son cositas increíbles. Pero una vez que los tienes, momentos como el que describo no tienen precio. Son un éxito y como tal se aceptan y se capitalizan. Son mi descripción de éxito.
Uno corre de aquí para allá con desenfreno, tratando de que tomen suficiente agua, coman sus verduras, tomen sus vitaminas, no vean mucha televisión, reciban buenos ejemplos, no se traumen, lleven la chicha de saril y el turbante a la celebración de la etnia negra, tengan las camisas planchadas, salgan al parque un ratito. Uno respira profundo y de repente se hacen las nueve de la noche y todavía están despiertos.
Cuando finalmente caen bajo la democracia del sueño, te les quedas viendo, con sus caritas de paz y sus pies afuera de las sábanas. Y te da una melancolía y un sentimiento de culpa por haber deseado tan vehementemente que se durmieran. Porque el tiempo pasa rápido y ya mañana no van a querer agarrarse de tu falda. Porque ser padre es sentirse culpable de no haber hecho lo mejor. Uno nunca queda bien con uno mismo.
Para mí es un misterio el que los humanos aún no nos hayamos extinguido. Lo juro. El misterio de la paternidad, es demasiado insondable. Es increíble. A aquellos que decidieron no ir por ese camino y se resistieron a los cantos de sirena del reloj biológico, mis respetos. Ellos tendrán otro tipo de éxitos. Y cada quién tripea sus éxitos.
Oh no. Creo que alguien gritó "Mamá"
Salud.
Ciao.
lunes, 8 de mayo de 2017
Procrastinación
Siempre hay algo que es más importante que lo importante. O que es menos importante que lo importante pero es necesario para que puedas hacer lo importante.
Los seres humanos como yo, somos artistas en el arte de procrastinar. En postergar. En dejar para después. Sólo funcionamos cuando nos presionan, cuando colocan una fecha tope para entregar lo que quiera que sea que tenemos que hacer.
Y lo peor que le puede pasar a un procrastinador, es su curiosidad por el mundo. Siempre hay un libro que leer para inspirarse y poder elevar el nivel. Siempre hay un playlist que hay que crear para crear el ambiente perfecto para ponerse a trabajar. Vienen los Óscares y hay que ver todas las películas para poder criticar con ganas la premiación.
Siempre hay una gaveta que ordenar, un rincón que adecentar, una mejor manera de hacer algo que ya estaba hecho. Siempre hay algo perdido, una banalidad, una receta, un status de Facebook que compartir. Un tema de Twitter en el que hay que opinar o del que hay que saber. También están las cosas vitales. Los 8 vasos de agua que hay que tomarse. El poquito de maquillaje que hay que ponerse en la cara para no parecer un fantasma. Un abrazo que dar. Un beso que robar. Una noticia por la cual ofenderse.
Hay plantas que regar, cremas que ponerse, cuadros que enderezar en la pared, focos quemados, carros sucios, fotos que enmarcar, cartulinas que comprar. Siempre hay amigos que invitar a tomar café y bochinches que compartir. Hay que llamar a mamá, hay que planchar una camisa. Hay que ajustar un pantalón y pegar un botón.
Se llama vivir. Y sucede mientras el cursor tiembla sobre la pantalla vacía. Y uno vive sobre la sensación de que hay algo que dejó de hacer y que debería estar haciendo. Y uno lucha contra la vida, para sentarse a contarles a ustedes cosas que ya saben, pero que es bonito escuchar o leer de vez en cuando.
Desde mi reino de la procrastinación, les deseo una vida llena de razones para dejar todo para después.
viernes, 3 de marzo de 2017
La resistencia
Cuando se publicó la primera edición de este libro de Ernesto
Sabato, la tecnología de las comunicaciones aún no alcanzaba las alturas
a las que estamos volando hoy día. Él básicamente se estaba quejando de
la televisión y de los e-mails. Si Sabato resucitara y viera en lo que
nos hemos convertido, se volvería a morir. Estoy segura.
Ya en
aquel tiempo, el tímido filósofo decía que "Al ser humano se le están
cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los
sordos".
En estos días, la rabia dura siete días. El ridículo dura siete días. El duelo dura siete días.
Te levantas y te acuestas no sin antes asegurarte que no te queda ningún whassap pendiente por revisar.
Si
no viste el último meme viral del día te sentirás fuera de lugar.
Ruegas que haya algún globito rojo bajo el logo de Facebook, que la
gente te haya dado like. Un nuevo follower en Twitter es todo un momento
emocionante.
Y cuando estamos con gente de carne y hueso,
pues seguimos pendientes del teléfono. Nos tomamos fotos para que los
demás sepan lo bien que lo estamos pasando.
Ya se ha escrito
muchísimo sobre el fenómeno del horror que nos causa no tener nuestro
celular a mano, pero no es relajo. El mundo que no está al alcance de
nuestra mano puede deshumanizarnos. La falta de tiempo de reflexión, de
lectura, de abrazarse, de escucharse frente al café. La lucha por
entumecernos y no estar expuestos al sufrimiento. La supervivencia. El
desgaste de minutos muertos que se van por la ruta del olvido.
¿A qué estamos jugando?
A
adormecernos. A drogarnos para que todo pase. A no envejecer. A no
morir, habiendo muerto primero cuando nos ha dado la gana. Este es el
juego de no dejarse controlar. De no dejarse sorprender. De reducir la
posibilidad de fracaso a cero.
Pero no todos jugamos a este juego. O al menos luchamos cada día por no jugarlo, sin dejar de jugarlo de alguna manera.
Parece que hay un antídoto, al menos para Sabato: «la
cercanía con la presencia humana nos sacude, nos alienta, comprendemos
que es el otro el que siempre nos salva". En esto Sabato coincide con
las máximas del cristianismo. No podemos realizarnos sin amor. Pero no
el amor de las novelas ni la autoestima egoísta. Se trata del amor del
"caritas". Ese amor al prójimo como a uno mismo. Sin amor nada somos. Y
para amar, se necesita del otro. Se necesita escuchar al otro. Se
necesita hacer por el otro lo que nos gustaría que hicieran por
nosotros. Para amar hay que tener misericordia del otro y perdonar 70
veces siete.
La
gente a mi alrededor se levanta a las 4 de la mañana. A andar en
bicicleta. A jugar tenis. A ser magros y sanos. Hay una nueva carrera.
Se hacen llamar "life coaches". Te enseñan a lidiar con tu vida y ser
exitoso. Ahora todos corremos, nadamos y queremos ser de hierro. La idea
es no morirse. O morirse sin ser un perdedor.
Y
yo quiero ser parte de todo esto, pero quiero seguir teniendo tiempo de
hacer recuerdos con mi pequeña familia. Quiero tener tiempo de rezar. Y
me pregunto ¿qué hay de malo en quererlo todo? Al fin y al cabo no es
el primer momento de la historia humana en el que creemos que nos vamos a
deshumanizar. Ya vimos horrorosas guerras mundiales, cruzadas,
invasiones, plagas, infanticidios, holocaustos y demás atrocidades de
las que desde que Caín mató a Abel somos capaces de ejecutar.
Me
quedo con el alarmismo del bonaerense. Quiero pensar que hay más luchas
por delante. Que mi voz es necesaria. Que el Diablo anda suelto y me
contamina con la desidia, la indiferencia y la abulia. "En
esta tarea lo primordial es negarse. Defender, como lo han hecho
heroicamente los pueblos ocupados, la tradición que nos dice cuánto de
sagrado tiene el hombre. No permitir que se nos desperdicie la gracia de
los pequeños momentos de libertad que podemos gozar: una mesa
compartida con gente que queremos, una caminata entre los árboles, la
gratitud de un abrazo. El mundo nada puede contra un hombre que canta en
la miseria."
En honor a don Ernesto, volveré a leer mi
ya amarillento y subrayado ejemplar de La resistencia. O trataré de
hacerlo si pongo mis grupos de Whassap en silencio.
Ser chiricano
En casa hay una eterna tiradera de puyas sobre quiénes somos chiricanos y
quiénes no. Mis padres son chiricanos y yo nací en el Hospital
Regional. Mi cédula es 4 y soy tan orgullosa de mi origen, que realmente
a veces soy insoportable. Mi esposo es cédula 8, pero tiene una madre
100% chiricana. De esta suma de tres abuelos chiricanos, se supone que
donde quiera que nacieran mis hijos, que fue en la ciudad de Panamá,
ambos tienen un derecho de sangre chiricana de un 75%. El otro 25% es de
mi suegro.
Pero mis pequeños no nacieron a las faldas del Volcán Barú ni tienen una cédula que comience con 4. Me da mucho miedo que al crecer quieran desvincularse de su origen, y que lleguen a decir, que ellos no son chiricanos, como lo dicen muchas personas.
Por otro lado conozco personas que se han metido tanto en el tejido social de nuestra provincia y que se la pasan haciendo cosas lindas por Chiriquí, que siento que se han ganado a pulso el pertenecer a esta pequeña ¨nación¨ dentro de otra nación.
También cuestiono un poco el papel quienes habiendo nacido y sido criados en Chiriquí, volvemos muy de vez en cuanto y apostamos por la metropolización de nuestras vidas. Buscamos glamour, oportunidades, dinero, una vida más activa, un entorno cultural más estimulante y así como así nos vamos para siempre.
El llamado de la tierra es fuerte, vital y define nuestro comportamiento de una u otra forma. Pero es importante de que no se quede en palabras y poemas. En las pasadas fiestas patrias llevé a mi familia a chiricanizarse por varios días, pues quiero que los niños crezcan con esos recuerdos, sabores y experiencias. Pero no pude evitar encontrarme con un David lleno de maleza y de predios descuidados. Malos drenajes en toda la ciudad, locales abandonados, una Calle Cuarta de lástima, abarrotada de buhoneros desorganizados y de vialidad deficiente. Mucha de la desidia que encontré no es atribuible a las autoridades municipales, sino producto de una ciudadanía apática y egoísta, falta de cultura y de amor por lo que les toca de su tierra.
Digo esto con mucho pesar, porque soy chiricanista a matarme. Pero estamos fallando. No estamos exigiendo ni dando lo que nosotros mismos merecemos. No estamos siendo excelentes dentro de nuestras propias cercas. Hay que pintar, limpiar, podar, arreglar, lucir bien. Hay que hacer las cosas con amor. Con ilusión y orgullo. Tenemos una tierra bendecida, pero nuestro poco importa nos pasa factura poco a poco. Inundaciones, cambio de clima, sequía. Tenemos que poner de nuestra parte
y pensar en la comunidad, en las cosas que son de todos.
La nueva ley de autonomía municipal se perfila como una gran oportunidad para todos los municipios del país. Es un momento para que nuestro Palacio Municipal se ponga los pantalones largos y hagan cumplir los acuerdos pensados para beneficiar a la ciudad. A todas las ciudades de la Provincia.
Espero ver cambios de actitud colectiva, los cuales nos devolverán y reinventarán el tipo de ciudad que todos soñamos y merecemos.
Pero mis pequeños no nacieron a las faldas del Volcán Barú ni tienen una cédula que comience con 4. Me da mucho miedo que al crecer quieran desvincularse de su origen, y que lleguen a decir, que ellos no son chiricanos, como lo dicen muchas personas.
Por otro lado conozco personas que se han metido tanto en el tejido social de nuestra provincia y que se la pasan haciendo cosas lindas por Chiriquí, que siento que se han ganado a pulso el pertenecer a esta pequeña ¨nación¨ dentro de otra nación.
También cuestiono un poco el papel quienes habiendo nacido y sido criados en Chiriquí, volvemos muy de vez en cuanto y apostamos por la metropolización de nuestras vidas. Buscamos glamour, oportunidades, dinero, una vida más activa, un entorno cultural más estimulante y así como así nos vamos para siempre.
El llamado de la tierra es fuerte, vital y define nuestro comportamiento de una u otra forma. Pero es importante de que no se quede en palabras y poemas. En las pasadas fiestas patrias llevé a mi familia a chiricanizarse por varios días, pues quiero que los niños crezcan con esos recuerdos, sabores y experiencias. Pero no pude evitar encontrarme con un David lleno de maleza y de predios descuidados. Malos drenajes en toda la ciudad, locales abandonados, una Calle Cuarta de lástima, abarrotada de buhoneros desorganizados y de vialidad deficiente. Mucha de la desidia que encontré no es atribuible a las autoridades municipales, sino producto de una ciudadanía apática y egoísta, falta de cultura y de amor por lo que les toca de su tierra.
Digo esto con mucho pesar, porque soy chiricanista a matarme. Pero estamos fallando. No estamos exigiendo ni dando lo que nosotros mismos merecemos. No estamos siendo excelentes dentro de nuestras propias cercas. Hay que pintar, limpiar, podar, arreglar, lucir bien. Hay que hacer las cosas con amor. Con ilusión y orgullo. Tenemos una tierra bendecida, pero nuestro poco importa nos pasa factura poco a poco. Inundaciones, cambio de clima, sequía. Tenemos que poner de nuestra parte
y pensar en la comunidad, en las cosas que son de todos.
La nueva ley de autonomía municipal se perfila como una gran oportunidad para todos los municipios del país. Es un momento para que nuestro Palacio Municipal se ponga los pantalones largos y hagan cumplir los acuerdos pensados para beneficiar a la ciudad. A todas las ciudades de la Provincia.
Espero ver cambios de actitud colectiva, los cuales nos devolverán y reinventarán el tipo de ciudad que todos soñamos y merecemos.
Lo que cuesta una columna
La revista tiene que
salir cuanto antes. Es la edición de X aniversario. Debe estar lista
para la Feria. Como siempre no puede faltar mi Esquina del Triskel, porque si no la mando, eventualmente me quitarán mi espacio fijo. Y eso no puede pasar. Así que
me lleno de motivos y enciendo mi música y mi laptop. Pero Lucas baja
la escalera todo espelucao y pegando gritos de histeria. "Mamaaaá,
mamaaaá" y gruesas lágrimas bajan por sus mejillas desde sus ojos
chinitos. Mientras corro hacia él con los brazos abiertos escucho que alguien abre la puerta de la nevera y el inconfundible ruido de cubitos de hielo cayendo sobre el piso me alertan de que prácticamente ha granizado dentro de mi cocina: Cutín adora jugar con hielo. Así que con el brazo que me queda libre (porque Lucas quiere estar en brazos) me abalanzo sobre Cutín para que no siga haciendo desastres). Escucho que tocan la puerta: es el jefe de garantías de mi barriada que
viene a hacer unas pruebas de voltaje. Detrás de él vienen los
instaladores de la Biblioteca. Comienzo a llamar a Blanquita para que se lleve a las criaturas de mi vista porque hay que
atender a esta gente. De paso veo como la pantalla en blanco de mi
nuevo documento de Word se ríe de mí, como diciendo "jamás vas a
terminar". La gente que trae el mueble son unos verdaderos ineptos en lo que
están haciendo. Golpean mi techo, rayan mi piso, las esquinas de los
otros muebles y no pueden poner el mueble de pie, pero como caído del
cielo llega mi vecino y se le ocurre una idea brillante que los acarreadores ni siquiera habían contemplado.
A lo
lejos sigo escuchando los gritos de Lucas, pero trato de ponerlo en
mute en mi mente, porque Blanquita debe estar tomando cartas en el
asunto. Vuelven a tocar la puerta. Es Jimmy, mi handyman desde hace 7
años. Trae rodillos, aspiradora, escalera, taladro, brocas, tornillos y
todas las cosas necesarias para atender asuntos varios en la casa. El
grupo de Whassap suena como loco, pues ya todos los miembros de la Mesa
de Placacuatro están haciendo su brainstorming para sacar adelante tan
importante publicación. Llega el tipo que me está cotizando el muro y le paso el teléfono a mi esposo, pues yo estoy tratando de reclamarle a la empresa de los muebles que el mueble que me han enviado no cabe.
Cuando Jimmy está abriendo el último hueco en el techo para colgar una lámpara, oigo un siseo y lo
veo corriendo como loco de un lado a otro de la casa. Siento temor.
Jimmy comienza a gritar, ¿Dónde está la llave de paso? ¿la llave de
paso? corro hacia la cocina y veo como el ayudante de Jimmy trata de
tapar el chorro de agua que está saliendo del
techo. Al no lograrlo busca un cubo, pero para ese entonces, la
granizada de Cutín ya se ha derretido bajo la lluvia que
está cayendo dentro de mi cocina. Busco mis contactos en el iPad,
porque en mi celular se me borraron todos. Encuentro al plomero del
proyecto y le grito que me explique a dónde está mi llave de paso (sigue la inundación). A la izquierda del estacionamiento. Lo pude resolver.
Los acarreadores terminan su desastrosa entrega, sólo para dejarme triste con un mueble que es muy grande para el espacio que
le toca. Es reconfortante verlos partir. Coordino con los ebanistas un
plan de control de daños. Y el cursor flashando sobre mi pantalla
desnuda. Me pongo a ver Twitter y Facebook. Veo la fecha y recuerdo que es mi aniversario de bodas. Y Juan se va a desmayar cuando vea el tamaño del hueco que hubo que taladrar en el techo de la cocina. Tenemos reserva a las 7:30 en el Chalet Suizo. Crucemos los dedos.
En fin, lo que quiero decir, es que Placacuatro tiene 10 años aguantando a una
columnista para la cual llevar a cabo cada uno de sus trabajos, es un
acto de supervivencia en el universo de las amas de casa. Gracias al
equipo y a ustedes por esperarme con paciencia en las buenas y en las
malas. Un abrazo a Placacuatro y a mi siempre Altiva Tierra que mana leche y miel, Chiriquí de mis amores.
De renuncias, amores y béisbol
Nunca entendí muy bien las razones por las que papá dejó de ser parte
del Equipo Mayor Béisbol de Chiriquí. Hasta ahora que tengo mis propios
hijos. Uno hace todo por ellos. Lo que sea. Y es que la vida es una
carrera entre hacer los sueños realidad y encarar responsabilidades. No
se puede hacer todo lo que uno quiere todo el tiempo y hacerlo bien
hecho. Hay que sacrificar cosas. Y creo que papá dejó en el camino
algunos de sus sueños por sacar adelante a su familia.
Todo esto me viene a la mente cuando veo la nostalgia con la que se ha despedido de su "Kenny" Serracín. Es como si una parte de él se hubiera ido para siempre. Allá donde se van los recuerdos. Allá donde van las pelotas sacadas de cuadrangular que nadie encuentra.
Con todo y eso siento que papá ha sido muy afortunado, porque pudo vivir intensamente su pasión deportiva. Sé cómo desafió su origen sencillo para hacerse un lugar entre las leyendas de la pelota chica de este país. Me provoca un suspiro de tristeza pensar en cuanta gloria y alegrías le han traído deportistas y artistas a este país y lo inhóspita que sigue siendo la sociedad cuando se trata de garantizar oportunidades a la gente que le pone color y pasión a nuestras vidas brindándonos emociones y belleza. Este año tendremos un chiricano participando en la Maratón Olímpica y cuántos de nosotros conocíamos su nombre hasta hace unos días?
Lo que quiero decir es que en Panamá el que surge en estos campos es un verdadero héroe. Papá es un héroe. Incomprendido a veces, pero intenso en sus sueños. Con más de 40 años de devoción al periodismo, a informar a la gente para que no sufran por su ignorancia. Para que no sean sometidos por el servilismo en el que nos sumerge la falta de educación. Quizás él no lo sepa pero, con sus virtudes y defectos, es un Quijote en tierra de molinos de viento. Quién si no podría sacar adelante una revista como Placacuatro por 10 años?
Tengo mucha ilusión de ver el nuevo estadio. Y ojalá los chiricanos estemos a la altura de las oportunidades y de nuestros deportistas. Ustedes no saben lo mucho a lo que renuncia un muchacho cuando decide tomarse en serio el deporte en este país. Arriesgando un "trabajo serio", ganando las miserias de viáticos que les dan, quedando indefenso ante una lesión que acabe con sus carreras, cayendo en el olvido por una memoria colectiva ingrata en la que todo es inmediato y ya nada perdura.
Quizás llegue el día en que hagamos justicia a nuestros pioneros en el deporte y apreciemos en su justa dimensión a los jóvenes talentos. Espero que lo mejor esté por venir.
Todo esto me viene a la mente cuando veo la nostalgia con la que se ha despedido de su "Kenny" Serracín. Es como si una parte de él se hubiera ido para siempre. Allá donde se van los recuerdos. Allá donde van las pelotas sacadas de cuadrangular que nadie encuentra.
Con todo y eso siento que papá ha sido muy afortunado, porque pudo vivir intensamente su pasión deportiva. Sé cómo desafió su origen sencillo para hacerse un lugar entre las leyendas de la pelota chica de este país. Me provoca un suspiro de tristeza pensar en cuanta gloria y alegrías le han traído deportistas y artistas a este país y lo inhóspita que sigue siendo la sociedad cuando se trata de garantizar oportunidades a la gente que le pone color y pasión a nuestras vidas brindándonos emociones y belleza. Este año tendremos un chiricano participando en la Maratón Olímpica y cuántos de nosotros conocíamos su nombre hasta hace unos días?
Lo que quiero decir es que en Panamá el que surge en estos campos es un verdadero héroe. Papá es un héroe. Incomprendido a veces, pero intenso en sus sueños. Con más de 40 años de devoción al periodismo, a informar a la gente para que no sufran por su ignorancia. Para que no sean sometidos por el servilismo en el que nos sumerge la falta de educación. Quizás él no lo sepa pero, con sus virtudes y defectos, es un Quijote en tierra de molinos de viento. Quién si no podría sacar adelante una revista como Placacuatro por 10 años?
Tengo mucha ilusión de ver el nuevo estadio. Y ojalá los chiricanos estemos a la altura de las oportunidades y de nuestros deportistas. Ustedes no saben lo mucho a lo que renuncia un muchacho cuando decide tomarse en serio el deporte en este país. Arriesgando un "trabajo serio", ganando las miserias de viáticos que les dan, quedando indefenso ante una lesión que acabe con sus carreras, cayendo en el olvido por una memoria colectiva ingrata en la que todo es inmediato y ya nada perdura.
Quizás llegue el día en que hagamos justicia a nuestros pioneros en el deporte y apreciemos en su justa dimensión a los jóvenes talentos. Espero que lo mejor esté por venir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Tan poca vida: un viaje hasta los límites del dolor
Creo que no estoy sola. He visto varias reseñas que se quejan del exceso de páginas al principio de la obra. Compré el libro el 3 de marzo d...
-
En manos de Dios. Los doctores decidieron hacer la cesárea hoy, por mis dolores de cabeza. Con la mente fría y sin creermelo. Sí pueden leer...

