En cinco días nadie le había llevado ni un bocado de pan. Sus manos rugosas como la cáscara de nuez, le temblaban a causa del hambre. Así encontré a la abuelita de nadie.
© 2007, Klenya M. Morales.
viernes, 13 de julio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
De cómo llegamos hasta aquí
Por: @KlenyaMorales Estábamos en el patio de la casa de mis padres en David, una de esas míticas tardes de calor que todo el mundo nos ach...
-
Por: Klenya Morales Aunque quisiera más garantías de salud y vida, no cambiaría ni por un segundo aquel aterrizaje del 18 de abril de 1975. ...
-
Hace unos días celebré con auténtica felicidad que mi hijo menor comenzara a andar en bicicleta sin rueditas . Entre caídas, raspones y su...
-
El padre Carlos está de paso por ciudad de Panamá. Ha venido desde Perú a darles la bendición a sus padres, Carlos Echeverría y Mariela...
No hay comentarios:
Publicar un comentario