miércoles, 12 de junio de 2013

Cosas que nadie me puede quitar

Los atardeceres bajo el gran pino que ya no está.
Los monólogos de mi papá con un vaso de ron.
El café sin azúcar para los dulces de chocolate a la hora de la siesta en Barcelona.
La silueta de su cabello negro contra el azul del cielo.
El canto de los periquitos verdes en verano.
Los shots de tequila con mi hermana.
La primera vez que caminé de la escuela a la casa de mi abuela.
Los regaños de doña Lucrecia a sus ayudantes.
Los trompos en el deportivo negro sobre la grava frente al Politécnico.
Ver las estrellas acostada sobre la cancha de basketball del colegio.
Los nervios en el escenario.
El beso que le tiré al baterista.
La dedicatoria que nunca llegó.
Mi primera canción.
Aquella gran derrota.
Una noche de baile.
El volverlo a ver.
Esas manos pequeñas unidas bajo su cabecita.
La primera vez que leí sin hablar.
Los cuentos de mi abuelita en las noches frías de Boquete.
El miedo a la tempestad en mar abierto, remando hacia la orilla.
Bañarme con agua de lluvia.
La noche que encesté 15 puntos.
La sombra del árbol de mango.
Las tardes de bicicleta en la calle sin salida.
El placer secreto de que se crean mis mentiras.
Las canciones que nadie sabe que me sé.
El sabor de las nueces con arándanos secos.
Lo bien que me queda el rojo.
La buena memoria que tengo para las caras.
La tercera vez que cometí el mismo error.
Esta sensación de no haber crecido.
El silencio que sigue a sus versos.
Las lágrimas de cuando me partieron el corazón.
El olor a pomarrosa.

Carta a un amigo a quien no veo hace tiempo

En el fondo, un solo de piano escuchado mil veces, media vida a cuestas, las cicatrices a la vista.
La vida que se estira sobre las calles del tiempo, con siluetas inventadas y manos torpes.
Pensé que todo sería más sencillo. Pero hoy no me queda más que reírme de mi ocurrencia. Los ecos de mi risa se repiten hasta morir en el olvido. Pero al menos aún recuerdo cómo era esa risa.
Nacer cada día y morir con la luz. Un reto que no todos entienden. Esas mis historias que nadie sabe. Esos mis instantes vulnerables. El color de mi alma que tú conoces.
Saber que las batallas son relativas. Que el balance es la silueta del error y el residuo de hacer las cosas muchas veces, equivocarse y volver a escuchar la misma canción. Que no todo va a tener sentido. Que el acento de esta voz sitiada y a veces muerta no se quede en la imaginación.
Así como en la niebla de los sueños. Así como en la irrealidad de los recuerdos. Desde el fondo del vacío, mis gritos se estrellaron contra estas paredes. Y el fluir de este espacio pequeño y lento se detuvo en el silencio que se los tragó. A los gritos. Sí a los gritos. Uno a uno se tragó todos mis gritos y los envió al lugar de donde ya no podrán salir. No hay rescate que pagar. No hay solución para las cosas que uno no dijo.
Ser la misma y ser otra y ser todas y morirme un poquito. No pases sin mirarme. No te desencuentres conmigo. No pierdas este presente. Mira su forma y pasa tus dedos por el contorno de mi risa. Mañana no seré ésta que hoy te mira y te habla y te hala del brazo para que no la pierdas.
Si me ves de rodillas, quizás no esté vencida. Quizás estoy rezando. Quizás estoy asombrada por las cosas que son más grandes que mi mente y que mi ser. Porque hay cosas más grandes y más bellas y más fuertes. Y el aceptarlo me hace más tenue y transparente. Ten paciencia pues tenía mucho tiempo de no contarte de esta vida.
¿Cobarde yo? Pues sí y no lo oculto. Luego soy valiente porque no le temo al ridículo de la cobardía. Y aún me queda tiempo para salvar a esas ilusiones que se subieron a un árbol para escaparse de los perros.
La espalda tensa. Los ojos llenos de lágrimas. La memoria intacta y nueva, dispuesta a respirar una, dos, tres veces la misma esencia. El mismo aire.  Y tejer las mismas oraciones con los puntos suspensivos que sean necesarios.
El café que no sabe a lo mismo si estoy sola. Uno le da vueltas y golpea la cucharita contra la taza muchas veces. Sé que eso te desespera. Y uno se lo toma sin prisas. Sin horizontes robados ni mentiras tiernas. Eres igual a mí cuando era aquella. Huérfana de futuros y ávida de conclusiones. Enemiga de las promesas y de los supuestos. Amar es un acto de fe. Cuando se acaban las palabras, comienza la verdad. Vamos a callarnos juntos. El que habla primero pierde. Fue bueno verte.

martes, 11 de junio de 2013

La vida no es una novela

Esta es una de mis frases favoritas.  Es uno de los punchlines de mi papá. Con el tiempo me he dado cuenta de cuánta sabiduría encierran. Nada de lo que imagine el ser humano, puede superar a nuestras realidades. 

Yo, al igual que mucha gente, realmente no le meto mucha cabeza al tema del reciclaje, la escasez de los recursos, el cambio climático y ese tipo de cosas. No me parecía un tema de urgencia nacional. Mi huella ecológica, no es algo que me quite el sueño. Pero con los últimos sucesos energéticos del país, realmente me he enfrentado a un panorama “escatológico”, como diría mi esposo, es decir, del final de los tiempos. Apocalíptico, si se quiere.
Que todo el país se una en oración por que caiga un poco de lluvia, es algo surreal. Digno de una trama garciamarquiana (esta palabra la acabo de inventar, así que no me denuncien con la RAE, por favor). Que el pueblo ofrezca el sacrificio de padecer calor y apagar sus aires acondicionados, es una cosa de risa.
Lo cierto es que las represas se han secado y ya no sabemos qué hacer para enfrentar esta crisis. Se suspenden las clases porque los niños se van a derretir sin aire acondicionado. Hay pánico general. Ahora todo mundo es “verde”. La gente va a trabajar en bermudas. Nuestro estilo de vida de despilfarro y desmedida, nos está pasando la factura. La energía eléctrica, se puede administrar de manera más inteligente, pero no se puede ahorrar para el futuro. No hay una batería gigante que acumule electricidad durante la época de lluvia y se mantenga a buen recaudo  hasta la época seca.
Esta es la punta del iceberg. Quién sabe a cuántos otros racionamientos hemos de enfrentarnos dentro de los próximos 20 años. Hace poco leí algo sobre una enfermedad de la yuca ¿Se acabarán los carbohidratos en África?  ¿El combustible fósil se agotará? ¿Habrá escasez de café? Si bien aún no se enciende ninguna de estas alarmas, los precios que alcanzan las cosas más básicas, parecieran darnos a entender que debemos comenzar a desacostumbrarnos de la buena vida. Quizás nunca pensamos ser testigos de este tipo de medidas, pero lo innegable es que aquí están y tenemos que adaptarnos y jugar con las cartas que se nos van presentando como sociedad, por muy increíbles que sean los problemas. Al parecer todo es finito, menos nuestro instinto depredador.

Vivimos es en “cavernas de acero y cristal” como diría el maestro Asimov. Con realidades climatizadas. Con corazones climatizados. Con vidas adecuadas para no padecer. No nos vendría mal darnos un paseo por la realidad de vez en cuando. Corremos el riesgo de sorprendernos. La vida, en verdad, no es una novela.

martes, 19 de febrero de 2013

Infidelidad

No hay otra manera de describir lo que sentí al leer un libro entero en una Tablet. Acepté con reticencia la posibilidad de leer un libro cuyo precio en librería me pareció demasiado alto, porque lamentablemente así es. En este país pagamos altos precios por leer. Al tener la oportunidad de leerlo desde la pantalla del Tablet lo hice. De allí que me urja compartir con ustedes la experiencia. Tengo casi 34 años de leer todo tipo de cosas. Todo tipo de libros, sean libros de moda o libros que llegaron a mis manos por razones misteriosas. Siempre disfruté la anticipación de la lectura. El olor del libro nuevo en su caso o las historias detrás de la historia de un libro prestado por familiares, amigos y conocidos. Realmente no le había metido mucha mente al hecho de leer libros en formato digital porque nunca creí en la amenaza que suponía para mis amados libros la disponibilidad en línea o la venta de libros electrónicos a precios muy bajos en comparación con los libros reales. Haciendo una lista de pros y contras, me entristece llegar a la conclusión de que probablemente los libros se vean desplazados eventualmente, dado que las versiones digitales son más económicas, no ocupan espacio, no se llenan de ácaros, no se pierden y el larguísimo etcétera que conlleva su evidente portabilidad. Pero en mi corazón, una vez que terminé de leer mi primer libro electrónico, sentí un enorme vacío. Sentí que había traicionado una hermosa tradición. Que no había leído un libro sino visto una idea. El final no me supo a final y quedé insatisfecha. Tenía que leer a toda velocidad porque la batería del Tablet se me acababa. Si dejaba de prestar atención se me devolvían las páginas hasta la portada y tenía que adivinar a dónde había quedado. No sentía esa euforia de ver la portada, que es parte integral del libro, ni podía calcular cuánto tiempo más iba a durar mi lectura, juzgando por el grosor del libro que aún me quedaba por leer. Me estresaba llevar el Tablet conmigo por doquier, pues llevando un libro en mi cartera podía perder 30 dólares, pero llevando ese aparato podría perder los 600 dólares que había costado más la información que llevara. No siempre pude ajustar el tamaño de la letra ni la orientación de la pantalla así que hubo oportunidades en las que quedé leyendo de lado. En fin, lo que debía ser un placer incomparable, del que he gozado toda mi vida, se convirtió en un deporte extremo. Me di cuenta a medio camino, que la traducción bien podría haber sido de Google, pero como ya iba por la mitad, me la tuve que aguantar, pues la trama estaba buenísima. Perdí el control de mi lectura, y al final, sentí que no había leído nada. No me sentía, ni me siento ahora, con la autoridad moral de decir que me he terminado de leer un libro. Porque no lo hice. Leí un e-book, que nunca será lo mismo. Me lo prestaron. No lo compré. No pasé por la librería varias veces hasta encontrarlo. No pasé por caja para comprarlo. No acaricié su portada ni doblé las esquinas de las páginas. No usé un billete de lotería como señalador de libros para no perderme. Rompí el encanto de disfrutar de la literatura, y fui infiel. No me gustó la experiencia por muchas razones. Llámame obsoleta. Llámame hipster. Ríete de mi falta de todo. Yo sólo espero con toda el alma que los libros que aún no he leído puedan perdonarme este desliz. Y que a los niños del mañana no se les prive de algo que para entonces, podría ser una pieza de museo.

sábado, 9 de junio de 2012

Papás fuera de serie, para niños fuera de serie


Publicado en el Suplemento "Ellas" del Diario La Prensa, Panamá
Extra del Día del Padre
Miércoles 6 de Junio de 2012

Por Klenya Morales de Bárcenas
@KlenyaMorales

Alice: “¿Hasta cuándo con el fútbol? No es normal que todos los días haya una copa, un clásico, un mundial. ¡Qué desastre!”
Sidny: “¿Y qué me dices del cambio compulsivo de canales que no te deja terminar de ver ningún documental de Discovery Channel? ¿Qué hay de malo con un par de comerciales?
Klenya: “¿Y los viernes de 6 a 8 con los muchachos? Nada que ver. No me da la gana.”
Alice: “Pero mira, aquí me acaba de mandar un chat… tan bello él.”

Esta es una charla banal. Digna de cualquier café, pasillo de farmacia o salón de belleza. Sí, esos lugares que cualquier mujer frecuenta. Pero hoy no vamos a hablar de ellas. Lo importante aquí, son los “chicos” de los que hablan. Los hombres que han permanecido a su lado para afrontar una vida diferente. Ellas están hablando de los padres de sus hijos nacidos con condiciones inesperadas.

Cuando nace un niño especial en tu hogar, la familia se vuelve miembro de un club muy exclusivo. Un mundo extraño se abre ante todos. Los doctores, las terapias, los tratamientos en el exterior, las recomendaciones, las medicinas, los métodos, el financiamiento. Los planes originales quedan en un cajón y hay que replantear todo.

Rafael Altamiranda, 38 años    
Papá de Juan Diego, niño con Síndrome de Down


Rafael Altamiranda es un salsero de acero.  Abogado de profesión y con maestrías gerenciales. Fue hijo de un papá más proveedor que amoroso; que no se sentaba a jugar, hacer tareas o leer cuentos. Esas eran cosas que hacía la mamá.  Pero Rafa se convirtió en un "papá fuera de serie" de un día para otro. Aunque no era un papá primerizo, el nacimiento de Juan Diego fue su primera vez en un quirófano, la primera vez que recibía un recién nacido en sus manos. Todo empezó cuando la neonatóloga dijo: "Houston, we have a problem. Hay que hacer análisis, porque algo no luce bien...”.

Lo normal habría sido llorar, pensar que era el final de su mundo. Pero lejos de sentirse desesperado, se preocupó por el "dolor" que esa noticia pudiera causar en su Alice, la nueva madre "especial".  Él entendió primero lo que significaba tener un hijo con condiciones atípicas en casa.  No era el fin del mundo sino el principio del resto de sus vidas. 

Pregunta hipotética: ¿Qué habrías hecho diferente al momento del nacimiento de Juan Diego, sabiendo lo que sabes ahora? “Tendría más fe en Dios y en lo que Él nos da capacidad de manejar. Por momentos fui débil y sin esperanza. Me costó mucho emocionalmente y siento que pude manejarlo mejor y ser más fuerte para apoyar a mi familia. Juan Diego es un ángel que nos ha traído innumerables bendiciones, pero al momento en que se nos informó su condición fue inesperado y difícil se manejar para mí.”
Tu relación con el miedo: “Él por allá y yo por acá (sonríe). El futuro no existe porque no ha llegado y el pasado tampoco porque ya se fue, de lo que tengo control es de hoy y eso es lo único que me importa.  La llegada de Juan Diego me enseñó a no tomarme las cosas tan en serio.  A ocuparme de lo que hace la diferencia. Mi relación con Dios es mejor, la vida tiene otro color.”
El momento más difícil, fue sin dudas, su cirugía de corazón abierto. Un suplicio. Los mejores momentos son  cuando se ríe a carcajadas.  Sus primeros pasos y sus primeras palabras.
Sobre el amor: El amor es la medida de la vida. Es el combustible para vivir. Para ser papá de Juan Diego se necesita ser comprensivo, enérgico, balanceado y amoroso.

Carlos Bárcenas, 34 años
Papá por elección, de Trinity, niña prematura con trastorno generalizado del desarrollo


A Carlos Bárcenas le encanta el orden. Tener control sobre todo. Es un ingeniero eléctromecánico a quien le gusta estar en casa. Nada que ver con la rutina. Ama viajar. Se levanta en las madrugadas a ver Fórmula 1. Geek total de la tecnología, tiene que tener lo último en materia de gadgets. Le encanta pasar tiempo con sus amigos y comer bien. Mantiene los videojuegos a raya, porque pueden ser muy absorbentes.  Pero su vida “normal” se revolucionó al aceptar la aventura de ser el padre de crianza de Trini y formar una familia ella y su madre. 

Nos cuenta Sidny, que Carlos se enamoró de Trinity primero que de ella. Su prematuridad y fragilidad no superan al azul de sus ojos y sus rizos rubios, y ganaron el corazón de este papá.  A Carlos no le tomó mucho decidir que quería ser parte de la vida de ambas chicas.  Carlos eligió ser un papá especial y eso ha llenado su vida de cosas nuevas.

Nos habla del miedo: “Mi relación con el miedo se hace más llevadera.  Lo voy controlando.  A lo largo de mi vida siempre ha existido el miedo por motivos diferentes, que luego me doy cuenta que eran sensaciones  provocadas por situaciones que se podrían presentar en el futuro, pero que en el presente no son reales.  Hoy es diferente, pues tengo nuevas responsabilidades.  Soy papá, guía y soporte.   A medida que uno sepa sobrellevarlos y sobre todo con la ayuda de Sidny, los miedos van desapareciendo.
Con Trinity, estoy aprendiendo a ser más tolerante, más paciente. Ahora las cosas se hacen en función de nosotros como familia y sobre todo en función de Trinity.
Para ser Papá de Trinity se requiere amor, tiempo para entender esa cabecita, tiempo para ayudarla; pero todas esas cosas Trinity las consigue  solamente con una sonrisa.”
Lo más difícil de su rutina es alimentarla por boca. Los mejores momentos son verla reír, verla jugar, verla luchar.”

Maclovio Del Castillo, 58  años
Papá de Jamal y Jamil, gemelos prematuro con trastorno del desarrollo e hipoacusia.


Maclovio Del Castillo es orfebre. Trabaja relojería y joyería en general en su puesto en la peatonal. Le gusta ver jugar al Barca por la calidad de sus jugadores. De joven era pescador en la Avenida Balboa. Ahora es pescador de tierra, porque “la cosa está dura”. Apoya a la selección nacional en todo lo que representa. Le encanta el boxeo. Es padre de 12 hijos. Le gusta la sopa colonense, pues es orgullosamente, cédula 3. A su esposa, Maribel, le brillan los ojos de emoción al hablar de su marido. “Es un buen hombre. Trabajador y divertido. Mientras yo lloraba por los pasillos del Complejo, él era mi fortaleza y tenía fe en Dios de que todo iba a salir bien”.

Sus gemelos Jamal y Jamil nacieron cuando tenía 55 años. Luego de una gestación de cinco meses y medio, estuvieron tres meses y medio en incubadora. A raíz de esta situación los gemelos presentan distintos grados de hipoacusia y algunos trastornos generales del desarrollo. A pesar de todas las complicaciones, está sacando a su familia adelante. Se considera un padre proveedor, ya cada vez que puede, ayuda en la casa y pasa tiempo con sus niños.

Su papel en la vida de los gemelos: “Asegurarme de que echen pa´lante y tratar de que tengan todo lo que necesitan.  Enseñarles a que saquen el máximo de su situación y a pesar de sus limitaciones.”
El peor consejo que me dieron: “La doctora me dijo que no había esperanza para mis niños. Yo le dije que ellos querían vivir. Y seguí adelante. Y ahí están, superándose cada día.”
Lo que aprendí de ellos: “Ellos son una terapia para mí. Cuando llego estresado a casa, me dan su cariño. Son tremendos.”
Tip a los papás: “Hay que entenderlos. Ser muy observador y tener mucha paciencia.”
Los peores momentos: “El no saber hace las cosas más difíciles. No sabía qué esperar.”

                                        
Juan David Bárcenas, 37 años
Papá de Juan David (“Cutín”), niño diagnosticado con Asociación de Charge


Juan David Bárcenas es abogado y papá primerizo del pequeño Cutín. Apasionado por la historia de las guerras, especialmente la Segunda.  Orgulloso de Roberto Durán, Rubén Blades y Rommel Fernández.  Fanático incurable del equipo de fútbol argentino y de todo lo que tenga que ver con Chiriquí.

Cuando estás embarazada, la gente no se cansa de advertirle a tu esposo que cuando el bebé nazca, él pasará a segundo plano en todos los aspectos. Que él ya no será tu prioridad. Que ahora todo girará en torno al bebé. Pues bien. Yo voy a hablarles de la vida real. Cuando mi hijo nació, yo perdí a mi esposo.  Pero no imaginen lo peor. No se fue de la casa ni nada por el estilo.  Juan David se volvió loco de amor por su hijo.

Y fue un amor que floreció en el desierto. Porque cuando nuestro pequeño nació todo comenzó a ir cuesta abajo.  Nadie sabía a qué nos enfrentábamos. Lo que debía ser el tiempo más feliz de nuestras vidas, se convirtió en un abismo de desesperanza. Pero fue allí en donde encontramos el amor.

Fue Juan David quien hizo los arreglos del traslado al hospital, quien coordinó los exámenes, citas, turnos de vigilancia, enfermeras auxiliares, labores de la casa, mi atención postquirúrgica. Y amó a su hijo desde el primer momento.

En sus propias palabras: “Mi principal papel es hacer que Juancito se sienta profundamente amado y comprendido.  Los seres humanos hemos sido creados para amar y la única forma de hacerlo, es recibiendo amor. Y la primera experiencia de amor se da en el hogar.  Esto forjará su espíritu y personalidad y lo ayudará a conocer a Dios.  Tendrá la seguridad y estabilidad para seguir creciendo en la vida.”

El peor consejo que te dieron: “La verdad no recuerdo un consejo que pudiera calificar como “malo”, con relación a mi hijo.  El mejor: No dudar del amor de Dios y reconocer que mi historia y la de mi hijo son perfectas, porque Dios así lo ha querido y lo ha visto bien, en lugar de vivir pensando que lo mejor son mis estereotipos.”

“Si pudiera revivir las primeras horas de su vida, trataría de no permitir que mi razón manipule mis pensamientos, haciéndome ver el peor escenario.  La fe abre una dimensión mucho más amplia y perfecta de la vida. La razón te engaña.”

“Mi hijo me ha permitido aprender a ver la vida es mucho más que de la búsqueda de la comodidad, éxito personal, riquezas materiales y las cosas que afanan a la sociedad. En la vida hay que amar y entregarse tu prójimo (que en mi caso son mi esposa y mi hijo). Esto le da sabor y picardía a la vida.  Son cosas que nada de lo material le da.”

Los papás fuera de serie son doctores, buhoneros, banqueros, plomeros, científicos. Venden raspados bajo el sol y la lluvia. Manejan ventas millonarias. Sus vidas son iguales a las de cualquier otro papá, pero también son diferentes. Llevan a sus pequeños a las citas. Compran viandas a las actividades escolares y disfraces de torero, de Cenicienta o de pirata.  Escogen los motivos de los cumpleaños.  Les encanta ir a Félix a elegir los juguetes en las navidades. Desafían al miedo. Y han conocido una nueva forma amar.

Muchas madres especiales se quedan solas al mando de la situación.  En una sociedad en la que pocos aceptan sufrir y afrontar la adversidad, en más de una ocasión el padre se da por vencido y se va. Estas son historias de héroes. La vida ha exigido más de estos padres.  Son hombres a otro nivel. Hombres de verdad. De esos que se quedan, cuando la lógica dice “Sal corriendo”.

  
Abuelos fuera de serie

Mi papel en la vida de mi nieto: 
Tratar de ser soporte, guía, modelo.
Sólo he recibido buenos consejos. 
Que tenga fe, que siga adelante. 
Buscar gente que sepa. 
Ir hasta el final. Que la ciencia avanza cada día.
Sólo puedes estar allí. Rezar. 
Estar al lado de tus hijos.
He aprendido a amar y a luchar. 
Mi nieto es un guerrero.

Olmedo Morales M. (Abuelito de Cutín)

jueves, 5 de abril de 2012

Como Dios manda

Hacia ti va mi apetencia,
y no me pesa
Sometida a tu nombre,
el anillo que me diste me ha sacado del mundo.
Por una palabra tuya soy capaz de sanarme
soy tu pan de cada día. Soy tu Verbo. Soy tu carne.

Hacia ti va mi apetencia,
porque quiero
y renuncio a la magia de mi origen
y decido ser más débil que este voto
de volver a ti, cada noche.
De morir por ti, en cada  estrella.

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Una mujer nace o se hace?

Hay cosas que damos por descontadas. Quizás pienses que hay milagros que se hacen solos mientras tú duermes. ¡Qué equivocado estás!

La despensa llena. Que el presupuesto alcance. Que la chequera esté balanceada. La ropa limpia y planchada. La lonchera llena. Las citas del seguro. Pagar las letras del carro, la hipoteca, la luz, el agua. Que la casa esté limpia para que nadie estornude. Que los invitados queden satisfechos. Que las paredes estén limpias. Que la lavadora sirva. Que los carros tengan gasolina antes de que vuelva a subir. Que los niños aprendan a rezar. Que se corten el cabello. Que los uniformes estén listos, las tareas hechas y los regalos de los cumpleaños comprados.

Bastas hechas. Botones cosidos. Comida caliente, variada, apetitosa, nutritiva. Que todos coman. Música adecuada en la radio. Karate, ballet, guitarra. Acudiente. Todo a tiempo.

Regia. No se acepta menos. Blower al día. Mechas, tratamientos manicure y pedicure. Vestir de última. Ir a correr tres veces por semana. Cremas antiarrugas. Piel perfumada. Ocho vasos de agua al día. Comer ensalada hasta el hartazgo. Amante complaciente, ardiente, dispuesta e innovadora.

Profesional de éxito. Emprendedora. Hacer tu propia empresa, desde un puesto de tortillas hasta una boutique, o una escuela. Sin lugar para errores. Dividida entre sus emociones y su carrera. Creativa, receptiva, tolerante, inteligente, equilibrada. Administradora de problemas. Mediadora de conflictos. Ingeniera de soluciones.

Hermana, hija, amiga. Todos cuentan contigo. La que sabe de amor. De disciplina. De la comida del perro. De las manualidades. De la masilla. De la tarea que se quedó en casa. De las ecuaciones que no ves desde hace 20 años.

Líder política. Doctora. Maestra. Enfermera. Emprendedora. Estratega. Policía. Jefa. Ama de casa. Activista.  Decoradora. Bella. Perfecta. Mujer.

Si tu casa es un hogar, no es por arte de magia. Es porque una mujer tomó las riendas y puso todo en orden. Porque se fijó en los pequeños detalles. Porque pintó libélulas en una esquina. Porque enmarcó las fotos importantes. Es porque las Úrsula Buendía, las Juana de Arco, las Margaret Tatcher o las Isadora Duncan estamos en todas partes, siendo cómplices de Dios en hacer de éste, un mundo en el que valga la pena vivir.

No necesito que le coloquen género a cada sustantivo que se refiere a mí para sentirme tomada en cuenta. No necesito marchar para demostrar mi humanidad ni mi derecho a decidir. No necesito quien me adoctrine sobre cómo realizarme y cómo no. No necesito que me laven el cerebro. Sé lo que pienso de mí misma. Sé que me falta mejorar y estoy dispuesta a hacerlo.

Quien diga que ser mujer es una simple característica genética, como el color de la piel o la textura del cabello o quien piense que ser mujer es una conducta aprendida, busca demeritar la complejidad del papel decisivo que juego en la historia de la humanidad. Y no lo acepto.

Billy Joel: Una cuestión de confianza

Por: @KlenyaMorales Hace exactamente 25 años conocí a alguien que me prestó sus 2 CD de éxitos de Billy Joel, entre otras muchas cosas que m...