31 de octubre de 2000
Dime donde hay otro mar que sea tranquilo como el tuyo
Y que esté lleno de sal
que deshidrate este amor
Que a fuerza de navegar por la costa
Se consumió antes de la tormenta.
Qué esperar para dejar de escuchar
A mis olas arañado tu puerta
Si mi espuma ya no te sabe inspirar
Qué esperas para dejar de luchar
Si solté tu ancla antes de salir al mar
El sol quemó los tejidos de mi alma
Y los rayos oscurecieron tu claridad
Vuelve a tu isla encantada de la que nunca te quisiste alejar
Y devuélveme a mí la libertad
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