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Mostrando entradas de junio, 2013

CARLOS ELÍAS ECHEVERRÍA BOUCHE: Dios hace todas las cosas nuevas (Entrevista)

El padre Carlos está de paso por ciudad de Panamá. Ha venido desde Perú a darles la bendición a sus padres, Carlos Echeverría y Mariela Bouche de Echeverría, por sus 40 años de aniversario. Con menos de dos semanas para estar en su casa, me ha tocado colarme en su última tarde antes de partir de vuelta El Callao, Lima. Llego unos 5 minutos antes de lo pactado. Desde la sala se ve una hermosa estampa de la ciudad. Me recibe con un vaso de agua fría y mientras espero que esté listo, escucho la moledora de café desde la cocina, que precede a una amena charla, pues como ya me ha dicho “Soy cafetero”.
P4: Un recuerdo de infancia en Chiriquí.
CE: “Puerto Armuelles” asegura con fuerza, sin dejarme terminar de hacer la pregunta. “Mi Puerto, querido. Lo recuerdo con tanto cariño. Su vegetación. Andar en bicicleta. Vivir una vida libre, sana y alegre, ir a la escuela a pie.”
P4: Tu madre es chiricana. Eres chiricano por derecho de sangre. ¿Tú te sientes chiricano? CE: Muchas veces sí. He deseado …

Sobre el dolor...

Nadie quiere sufrir. Al menos nadie normal quiere sufrir. Nadie normal que yo conozca quiere sufrir. Esa es la gran tendencia de un mundo en el que todo sucede al mismo tiempo.
Si algo me ha tocado aprender en esta vida es que nada de lo que hagamos, nos garantiza inmunidad al sufrimiento. No hay salidas, ni escapatorias. El sufrimiento es el “chance casado” de la vida. Es el precio que se paga. Pero hay gente que avanza tratando de “torear” cualquier tipo de dolor. Gente que piensa en cero drama. Que salen huyendo de las malas vibras y dejan de jugarse la vida por estar a salvo. Lamento decepcionarlos: Es por gusto.
Enfermedades, desamor, olvido, complejos, falta de control (para aquellos que quieren tenerlo todo en orden todo el tiempo), vejez, engaños, falta de dinero, muerte, drogas, desastres naturales, injusticia pónganle el nombre que quieran, el sufrimiento nos sorprende en cada esquina de la vida esperando agazapado para destruir nuestra proyección perfecta, nuestros castill…

Instrucciones para invitarme a comer

A Cortázar, a quien no entiendo. Y a todo el que ha tenido la mala experiencia de invitarme a comer
Debes saber que estoy entrenada para hacer lo que me da la gana. Soy de las que dejaba la comida en la mesa y se iba a preparar un emparedado de jamón y queso. Y nadie me castigó por eso. Así que en primera instancia la culpa es de mis padres. Luego está el nombre de las comidas. Si me suena extraño, disonante o desagradable, lo más probable es que ni siquiera le daré al plato el beneficio de la duda. No como lengua, ni patitas, ni molleja, ni pescuezo, ni sesos, ni corazón. Nada raro allí, pues hay mucha gente que no opta por lo no convencional. Hígado, bofe frito o mondongo con chorizo y garbanzos, bien hecho, siempre serán bienvenidos. Ni se te ocurra presentarme un pescado entero al que se le vean los ojos. Mejor córtale la cabeza. Si el platillo es criollo y tiene sobredosis de salsa de tomate, no dudaré en alejarlo de mí. Así de simple. Vengo de una provincia. Darme frituras de m…

Cosas que nadie me puede quitar

Los atardeceres bajo el gran pino que ya no está. Los monólogos de mi papá con un vaso de ron.
El café sin azúcar para los dulces de chocolate a la hora de la siesta en Barcelona.
La silueta de su cabello negro contra el azul del cielo.
El canto de los periquitos verdes en verano.
Los shots de tequila con mi hermana.
La primera vez que caminé de la escuela a la casa de mi abuela.
Los regaños de doña Lucrecia a sus ayudantes.
Los trompos en el deportivo negro sobre la grava frente al Politécnico.
Ver las estrellas acostada sobre la cancha de basketball del colegio.
Los nervios en el escenario.
El beso que le tiré al baterista.
La dedicatoria que nunca llegó.
Mi primera canción.
Aquella gran derrota.
Una noche de baile.
El volverlo a ver.
Esas manos pequeñas unidas bajo su cabecita.
La primera vez que leí sin hablar.
Los cuentos de mi abuelita en las noches frías de Boquete.
El miedo a la tempestad en mar abierto, remando hacia la orilla.
Bañarme con agua de lluvia.
La noche que en…

Carta a un amigo a quien no veo hace tiempo

En el fondo, un solo de piano escuchado mil veces, media vida a cuestas, las cicatrices a la vista.
La vida que se estira sobre las calles del tiempo, con siluetas inventadas y manos torpes.
Pensé que todo sería más sencillo. Pero hoy no me queda más que reírme de mi ocurrencia. Los ecos de mi risa se repiten hasta morir en el olvido. Pero al menos aún recuerdo cómo era esa risa. Nacer cada día y morir con la luz. Un reto que no todos entienden. Esas mis historias que nadie sabe. Esos mis instantes vulnerables. El color de mi alma que tú conoces.
Saber que las batallas son relativas. Que el balance es la silueta del error y el residuo de hacer las cosas muchas veces, equivocarse y volver a escuchar la misma canción. Que no todo va a tener sentido. Que el acento de esta voz sitiada y a veces muerta no se quede en la imaginación. Así como en la niebla de los sueños. Así como en la irrealidad de los recuerdos. Desde el fondo del vacío, mis gritos se estrellaron contra estas paredes. Y…

La vida no es una novela

Esta es una de mis frases favoritas.  Es uno de los punchlines de mi papá. Con el tiempo me he dado cuenta de cuánta sabiduría encierran. Nada de lo que imagine el ser humano, puede superar a nuestras realidades. 

Yo, al igual que mucha gente, realmente no le meto mucha cabeza al tema del reciclaje, la escasez de los recursos, el cambio climático y ese tipo de cosas. No me parecía un tema de urgencia nacional. Mi huella ecológica, no es algo que me quite el sueño. Pero con los últimos sucesos energéticos del país, realmente me he enfrentado a un panorama “escatológico”, como diría mi esposo, es decir, del final de los tiempos. Apocalíptico, si se quiere. Que todo el país se una en oración por que caiga un poco de lluvia, es algo surreal. Digno de una trama garciamarquiana (esta palabra la acabo de inventar, así que no me denuncien con la RAE, por favor). Que el pueblo ofrezca el sacrificio de padecer calor y apagar sus aires acondicionados, es una cosa de risa. Lo cierto es que las re…