domingo, 13 de septiembre de 2009

Forking path

LA TRAGEDIA ALBICELESTE


“La noche en que la Argentina perdió hasta su historia", "La selección se cae y está perdida", "La selección sin rumbo y lejos del Mundial", "La Argentina volvió a caer y Sudáfrica está más lejos", "A ningún lado", "La selección está jugando peligrosamente con su destino”, fueron algunos de los titulares del pasado jueves 10 de septiembre, documentando para la historia un miércoles negro para los fanáticos del bicampeón mundial: la oncena de la República de Argentina.
En estos momentos, creo que no hay nada peor, o al menos mas deprimente—futbolísticamente hablando, — que vivir al lado de un fanático-extremista-argentinófilo. Creo que utilizaré sus propias palabras, o algo que se le parezca, para que entiendan de qué voy:
“Estoy realmente asustado…Estoy asustado desde que Maradonna asumió la Dirección Técnica del equipo… No tienen centrales… Le pasaron la bola a Messi una sola vez…No puedo creer que mi pequeño no verá al equipo en su primer Mundial… Hace rato ha debido renunciar. Se necesita de algo más que un cambio dramático para que salven las dos fechas que aún quedan. Perú les puede ganar y Uruguay va a salir a clasificarse.”
Y lo más irónico de todo, es que la debacle se origina con la selección del actual Director Técnico, "El Diego" ese deportista que en su tierra, es un Dios entre los hombres. Grondona nombró a Maradonna como DT, quien a estas alturas, con un pie fuera de Sudáfrica y luego de convocar a más de 60 jugadores de una de las selecciones más vistosas del fútbol mundial no tienen un equipo definido.
Es un pesar que se lleva en el alma. Esa es la belleza y el horror de este deporte. Se vuelve personal. Aún los más acérrimos detractores del la Argentina sienten que un Mundial sin el equipo sureño, perderá mucha de su mística.
No recuerdo un panorama tan complicado para Argentina en mis 34 años. Entiendo que jamás habían perdido 6 partidos de una eliminatoria. Aún recuerdo cuando papá me traía el suplemento El Istmo, de La Estrella de Panamá, con pósters de todas las oncenas. Los argentinos siempre estuvieron entre mis favoritos. Recuerdo la final de México 86, en la cual uno de los amigos de mis padres saltó tan alto y tan emocionado que se lastimó la frente con el abanico de la sala. Verlos así, casi fuera de la copa, desorientados, sin líder, sin equipo y con millones de fanáticos al borde del colapso, comoquiera que termine el asunto, es un hito histórico.
Sencillamente no puedo imaginarme un Mundial sin Argentina. Sé que no será fácil ver la desilusión en los ojos de mi esposo, para quien cada gol en contra ha sido como si le quitaran el oxígeno. Pero puede suceder, y no me quedará más que ponerme en una esquina, hacer silencio y esperar a que comiencen las eliminatorias para Brasil 2014 y la luz retorne a su mirada.

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