viernes, 13 de julio de 2007

La espiral del odio.


Orlando miraba un capítulo de Midori no hibi en la televisión, con un tazón azul entre las manos, lleno de palomitas de maíz Butter Lovers. Perfección. Y en eso empezó a llover. Había bajado el volumen para no molestar a Gema en caso de que estuviera durmiendo o quizás quería disfrutar de un momento solo, después de aquel día para el olvido. Gema puso esa cara que Orlando ya conocía. Esa cara de que iba a dejar caer uno de sus comentarios llenos de veneno sobre algo o sobre alguien. Se le revolvía el estómago al oírla hablar así, al punto que su simple gesto le hacía comenzar a sentir esa náusea.
Su monólogo era tóxico y asfixiado. La mala fe se le notaba en la cara. Cualquiera podía ver que su intención era la de herir con cada declinación de su voz. Sus ojos brillaban con lo siniestro de un alma vacía. Se veía herida y él supo que los próximos instantes no los olvidaría con facilidad.
Y de su lengua fluye el discurso y mientras ella se desintoxica de sus quejas, él siente que se asfixia con la ponzoña. Es esa la mujer con la que quiere pasar el resto de su vida. Pues es esa o cualquiera, si es que le interesa tener a una mujer a su lado. Sobre sus amigos, sobre su madre, sobre quien sea. ¿Cómo se las arregla para pensar que todo es en su contra? Que hay una conspiración sideral para su infortunio. De seguro lloraría lágrimas de amargura si supiera la poca energía que gastan los demás en pensar en ella. Si supiera que no es tan importante.

La muchacha

Legaria tenía sus 14 años cuando llegó a la puerta de la casa de los Jener. Con su piel del color de la tierra roja, su olor a jabón Salvavidas y su cabello lacio y negro. Chancletas rojas de plástico y ojitos curiosos y llenos de miedo. Llevaba en la mano una gran bolsa de plástico dislustrada, con un impreso que pudo haber sido en azul. Quizás su único equipaje en esa vida. El nombre completo debió haber sido Olegaria Santos, pero parece que el registrador había oído mal y así se había quedado. Total.
Le presentaron a Minerva quien la llevó a su cuarto de dos metros por dos metros, en el que hay un camarote para las dos empleadas. Es obvio que le va a tocar el de arriba, por llegar de última. Minerva si ya tiene su par de años en la casa y está bastante más despabilada. Ella es la que cuida a los niños de la señora. Minerva le tenía listos 4 uniformes celestes que le quedaron inmensos. Legaria era menuda y plana.
"No me hallo" se le oía susurrar, mientras lloriqueaba a solas en su cuarto. En su radiecillo AM escuchaba melodías de pindín entrecortadas por la estática. Venía de Sionú y era la menor de 6 hermanos. No entendía los ingredientes o la lógica de una receta, ni el funcionamiento de la nevera. La abría en los días de calor para "echarse un poquito de fresco".
Alababa a algo o a alguien mientras fregaba platos con aquella loción rosada que olía tan rico. Siempre pareció como en un dulce trance.
¡Cómo se veía que era la primera vez que veía un aire acondicionado! El televisor se le figuraba un monstruo fascinante. Las cremas de la señora, los perfumes, el maquillaje. Tantos pares de zapatos. Supongo que tampoco había visto una esmeralda de verdad. No tenía cómo saber que el collar costaba 2 años de su rutilante salario de $150 dólares mensuales. No tenía idea de lo que era una denuncia ni un abogado. Probablemente no supiera lo que era robar. Era más inocente que los niños de la casa quienes le tiraban del pelo o le escondían su cuaderno de recortes de revista. Si acaso tenía nociones de lectura. Quizás sus pies desnudos jamás se hubieran posado sobre un mosaico y solo sabía barrer pisos de tierra.

Leo el expediente otra vez y lamento tener que aplicar la ley con Legaria. Según el sistema, habría que meter preso a alguien. Lo que no sé es a quién.
Mariana Reyna, Juez de Menores, David.

© 2007, Klenya M. Morales.

Zetas

Se le han perdido las llaves. Para variar. Como todos los días. No sabe donde escuchó aquella brujería, pero siempre que algo se perdía ella lo hacía y el objeto de seguro iba a aparecer o ella con seguridad recordaría a dónde lo había dejado. El televisor hablaba de una alerta de tornado en Iowa, de un suicidio colectivo en algún lugar del Sur de una nueva explosión en Beirut.
Arrojó otras llaves al piso. No importa realmente cuáles llaves decidas tirar al piso, las que buscas aparecerán. La idea es que tires al piso algo de la misma clase que el objeto perdido. Ella no sabe por qué pero funciona. Siempre funciona.

Eternidad

Convivir. Ser uno.
Y de pronto todo era la nada. No había tiempo, ni distancia, ni bien, ni mal. Sólo el todo. Y el todo era perfecto. Y lo entendíamos sin hacernos preguntas porque la verdad era evidente. Siempre había estado allí, en las pequeñas y en las grandes cosas. Nada había que hacer, pues todo ya había sido. Ahora sabíamos todo, y esa comprensión era perfecta, ilimitada y eterna. Todas las cosas estaban allí y nosotros éramos y estábamos en todas las cosas. No había espera ni dolor, ni presente ni futuro. Ni injusticia, ni imposibles. Los océanos, las gotas de rocío, los insectos, los tornados ni alguna cosa creada o por crear, ni alguna idea pensada o por nacer, ni alguna canción, ni los olvidos, ni lo no recordado ni lo postergado. Ni lo invisible ni lo ordinario. Ni el peso del alma ni la forma de los cuerpos. Ni el sonido, ni los llantos. No éramos nada, pero éramos todo lo que podíamos ser. Pero aún estábamos en otro tiempo. Y al volver al tiempo real, me besó y se abrazó a su almohada.
Me gusta verle dormir.

Klenya M. Morales M., 2007

Mesmerizada

“No fue fácil inducirla al sueño. El letargo hipnótico en fase 0 fue alcanzado luego de unos 15 minutos de intentarlo. Bajo los pálidos párpados de Sofía Quaglia se veían danzar los capilares rojos y azules al tiempo que la forma saliente de su pupila vagaba de un lado al otrode sus órbitas. Estaba alterada por su estado de hipnosis. Pronto se le regularía el pulso.”
Mesmerizada, Ciana Magens, 2302, d C.

Klenya Morales M., 2007 (Letras Cómplices)

Caras vemos…

Lana recordaba muy bien una de sus primeras confesiones. Tendría unos16 años y los pecados se trataban de las andanzas con su primer novio. El confesor era un sacerdote que jamás había visto antes, un hombrebarbudo que casi podía recitar con ella cada uno de los detalles deaquellas faltas. ¿Cuántas veces las habría escuchado? Caricias. Mentiras. Vergüenzas. Parecía aburrido de oírla, y para interesarlo, aLana se le ocurrió contar un pecado de relleno. El pecado no debería ser muy relevante, pero a decir verdad no llevaba ni dos minutos deconfesión y ya se le había agotado el tema. Le pareció que debía decir algo más.

Klenya Morales M. (Letras Cómplices, 2007)

Sentencia

No me olvidaste
aún sabes de memoria mis caminos,
todavía sientes sed por mi aguacero
... y,
tus olas saben que todavía es mi playa
aquella en la que siempre atardeciste

....no me olvidaste.
Aún tallas mis esquinas con tus soles.
Tu lengua se deshace entre mi letras.
Te esperan muchas lluvias a mi lado.
Te esperan más mentiras en mis brazos.
© 2007, Klenya M. Morales.

Mentiras

Desde que renuncié a mi puesto como directora médica de la clínica mi vida ha sufrido algunos cambios radicales. Me cambié el color y el corte de cabello. Soy otra. Cuando comencé a trabajar como telefonista de un call center de emergencias, sabía que estaba sobrecalif icada, pero desconocía sus efectos inmediatos en mi vida personal. Soy casi un vampiro. Falta de apetito. Básicamente lo único que me falta es el ataúd; es como tener un jetlag sin haber dejado de tocar tierra. Yo, toda una f isiatra. Viviendo de noche. Tan alerta de las urgencias absurdas del resto de la gente que no puedo conciliar el sueño por muy cansada que llegue a casa. La que habría sido nuestra. Oigo tantas cosas extrañas. Toco tantas vidas. Resuelvo tantas vainas diferentes. Las personas se meten en los problemas más inverosímiles cada día. Y es gente que jamás conoceré. No es normal. No tengo tiempo de estar ni conmigo, pues cuando estoy sola pienso en todo lo que pasé dentro del monótono cubículo de mi of icina. Solo me acompañan la radio y los extraños en problemas. Hoy tuve que negociar largamente con una mujer que había inventado unas 25 formas de suicidarse. No le gustaba lo que veía en el espejo por las mañanas. Ni por las tardes, ni por las noches. Estaba tan lejos de sí misma. Mientras conversaba con ella, les enviaba un mensaje de texto a los paramédicos para que acudieran a prevenir que cometiera alguna locura. Tiene cuatro hijos y un marido que está bastante más allá de la inf idelidad. Llegaron justo a tiempo ya que la pobre tipa tenía el Kama Sutra de los suicidios en su botiquín. Mil y un maneras de morir sin receta. No es por nada pero salvé otra vida. Siempre quise salvar vidas.Hoy decidí caminar a casa. No acostumbro a caminar sola a las tres de la madrugada en esta ciudad. Pero la brisa es irresistible esta noche. El cielo me recuerda aquella creencia egipcia de que las estrellas son huequitos por los cuales se f iltra la luz del paraíso. En las tardes asisto a una clase de Literatura Universal. Todos esos escritores estaban abusaban de todo, del café, del opio, del sexo, de la vida y aun así eran geniales. Probablemente por eso eran geniales. Desde luego que estoy muy ocupada. Pero sinceramente no tengo tiempo de acordarme de ti, ni de que pisoteaste mi dignidad, mi alma, ni de que fue un desastre el haberte conocido. Es como terapéutico y hasta ahora está funcionando. Te he extirpado como a un tumor. Ni siquiera te recuerdo mucho aunque sigas programando nuestras canciones en la radio. Al menos las que yo creía que eran nuestras canciones. El hecho de que tu turno sea igual al mío es mera coincidencia. El hecho de que escuche tu programación en la estación de radio, obedece simplemente a que siempre me gustó. A veces abusas de nuestra sacrosanta One de U2. ¿A quién quieres engañar? Es obvio que entre una y otra cosa quisieras volver a empezar y ser normal, como pretendiste serlo al conocerme. Apuesto lo que sea a que tienes mi foto en la cabina, como de costumbre, aunque solamente sea como coartada. Deberías buscar ayuda profesional. Deberías pasar largas y caras horas en el diván de un psicoanalista que te explique la verdadera razón de por qué me dejaste ir. Debiste haberle explicado tus traumas de niñez, de tu juventud en la academia militar, del abusivo de tu padre borracho, tu madre pusilánime y tu incapacidad de comprometerte y amar a una mujer. Quizás necesitas medicinas, internamiento o vigilancia. O las tres cosas al mismo tiempo.¿Cómo diablos fue que terminamos así? Más bien la pregunta sería ¿cómo fue que llegamos a comenzar este asunto? No es que me guste pensar en la cerveza fría del Fenway Park en medio de un juego de los malditos Red Sox o de los malabaristas de fuego en el Farmer´s Market. Es que todo eso era porque tú estabas. Realmente nada de eso me gustaba. Bien sabes que nunca tuve mucho criterio propio. Más bien nunca me gustó la confrontación. Hace mucho frío aquí. Ahora estamos escuchando a Nirvana. Y digo estamos, pues sé que tú la estás programando y yo la estoy oyendo. Sabes que la estoy oyendo. Sé que no la programas para mí. Fue muy difícil convencer a esa mujer de que no se matara. Fue fácil entender sus directrices.Y pensar que un día decidí que no iba a dejar de quererte. Y entonces me enteré de que en algún lugar del mundo habías dejado de pensar en mí. Habría sido mucho más sencillo si la competencia hubiera sido entre otra y yo. Al menos contra una mujer podría haber salido bien librada. De lo nuestro no hay regreso. Me hormiguean las piernas.Dicen que uno nunca se acuesta a dormir sin haber aprendido algo nuevo. Yo hoy aprendí algo de la mujer a quien ayudé a salvar. Has pasado a Air Supply. Algo en el Agua de Maravilla sobre tu tocador debió habérmelo advertido. Algo en tus exfoliantes Clinique y en tu habilidad para llamar al color rosado de quince maneras diferentes. Yo que te creí el más sensible de los hombres. No es bueno que la gente no sepa la verdad de las cosas. ¿Cómo se puede dormir tantas noches junto a un desconocido? Se acaba el espacio pero no tengo mucho más que decirte. La gente no debe vivir en la mentira ni dentro de un closet. Tengo sueño. Son las 9 de la ma...
© 2007, Klenya M. Morales.

Soledades

En cinco días nadie le había llevado ni un bocado de pan. Sus manos rugosas como la cáscara de nuez, le temblaban a causa del hambre. Así encontré a la abuelita de nadie.
© 2007, Klenya M. Morales.

El Aleph

El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico
estaba ahí sin disminución de tamaño.
Cada cosa era infinitas cosas,
porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo.

JORGE LUIS BORGES, El Aleph

A sangre tibia


En el nombre de Dios. A él encomiendo mi proyecto.  En el está mi esperanza.

© 2007, Klenya M. Morales.

Crónicas estrogenadas. Primera Crónica. Volver a empezar

Colección de Cuentos, ganadora del Primer Lugar Concurso Nacional del IPEL, Panamá Volver a empezar Despertarse a las cuatro de la m...