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Mostrando entradas de julio, 2007

La espiral del odio.

Orlando miraba un capítulo de Midori no hibi en la televisión, con un tazón azul entre las manos, lleno de palomitas de maíz Butter Lovers. Perfección. Y en eso empezó a llover. Había bajado el volumen para no molestar a Gema en caso de que estuviera durmiendo o quizás quería disfrutar de un momento solo, después de aquel día para el olvido. Gema puso esa cara que Orlando ya conocía. Esa cara de que iba a dejar caer uno de sus comentarios llenos de veneno sobre algo o sobre alguien. Se le revolvía el estómago al oírla hablar así, al punto que su simple gesto le hacía comenzar a sentir esa náusea.
Su monólogo era tóxico y asfixiado. La mala fe se le notaba en la cara. Cualquiera podía ver que su intención era la de herir con cada declinación de su voz. Sus ojos brillaban con lo siniestro de un alma vacía. Se veía herida y él supo que los próximos instantes no los olvidaría con facilidad.
Y de su lengua fluye el discurso y mientras ella se desintoxica de sus quejas, él siente que se asfix…

La muchacha

Legaria tenía sus 14 años cuando llegó a la puerta de la casa de los Jener. Con su piel del color de la tierra roja, su olor a jabón Salvavidas y su cabello lacio y negro. Chancletas rojas de plástico y ojitos curiosos y llenos de miedo. Llevaba en la mano una gran bolsa de plástico dislustrada, con un impreso que pudo haber sido en azul. Quizás su único equipaje en esa vida. El nombre completo debió haber sido Olegaria Santos, pero parece que el registrador había oído mal y así se había quedado. Total.
Le presentaron a Minerva quien la llevó a su cuarto de dos metros por dos metros, en el que hay un camarote para las dos empleadas. Es obvio que le va a tocar el de arriba, por llegar de última. Minerva si ya tiene su par de años en la casa y está bastante más despabilada. Ella es la que cuida a los niños de la señora. Minerva le tenía listos 4 uniformes celestes que le quedaron inmensos. Legaria era menuda y plana.
"No me hallo" se le oía susurrar, mientras lloriqueaba a solas…

Zetas

Se le han perdido las llaves. Para variar. Como todos los días. No sabe donde escuchó aquella brujería, pero siempre que algo se perdía ella lo hacía y el objeto de seguro iba a aparecer o ella con seguridad recordaría a dónde lo había dejado. El televisor hablaba de una alerta de tornado en Iowa, de un suicidio colectivo en algún lugar del Sur de una nueva explosión en Beirut.
Arrojó otras llaves al piso. No importa realmente cuáles llaves decidas tirar al piso, las que buscas aparecerán. La idea es que tires al piso algo de la misma clase que el objeto perdido. Ella no sabe por qué pero funciona. Siempre funciona.

Eternidad

Convivir. Ser uno.
Y de pronto todo era la nada. No había tiempo, ni distancia, ni bien, ni mal. Sólo el todo. Y el todo era perfecto. Y lo entendíamos sin hacernos preguntas porque la verdad era evidente. Siempre había estado allí, en las pequeñas y en las grandes cosas. Nada había que hacer, pues todo ya había sido. Ahora sabíamos todo, y esa comprensión era perfecta, ilimitada y eterna. Todas las cosas estaban allí y nosotros éramos y estábamos en todas las cosas. No había espera ni dolor, ni presente ni futuro. Ni injusticia, ni imposibles. Los océanos, las gotas de rocío, los insectos, los tornados ni alguna cosa creada o por crear, ni alguna idea pensada o por nacer, ni alguna canción, ni los olvidos, ni lo no recordado ni lo postergado. Ni lo invisible ni lo ordinario. Ni el peso del alma ni la forma de los cuerpos. Ni el sonido, ni los llantos. No éramos nada, pero éramos todo lo que podíamos ser. Pero aún estábamos en otro tiempo. Y al volver al tiempo real, me besó y se abraz…

Mesmerizada

“No fue fácil inducirla al sueño. El letargo hipnótico en fase 0 fue alcanzado luego de unos 15 minutos de intentarlo. Bajo los pálidos párpados de Sofía Quaglia se veían danzar los capilares rojos y azules al tiempo que la forma saliente de su pupila vagaba de un lado al otrode sus órbitas. Estaba alterada por su estado de hipnosis. Pronto se le regularía el pulso.”
Mesmerizada, Ciana Magens, 2302, d C.

Klenya Morales M., 2007 (Letras Cómplices)

Caras vemos…

Lana recordaba muy bien una de sus primeras confesiones. Tendría unos16 años y los pecados se trataban de las andanzas con su primer novio. El confesor era un sacerdote que jamás había visto antes, un hombrebarbudo que casi podía recitar con ella cada uno de los detalles deaquellas faltas. ¿Cuántas veces las habría escuchado? Caricias. Mentiras. Vergüenzas. Parecía aburrido de oírla, y para interesarlo, aLana se le ocurrió contar un pecado de relleno. El pecado no debería ser muy relevante, pero a decir verdad no llevaba ni dos minutos deconfesión y ya se le había agotado el tema. Le pareció que debía decir algo más.

Klenya Morales M. (Letras Cómplices, 2007)

Sentencia

No me olvidaste
aún sabes de memoria mis caminos,
todavía sientes sed por mi aguacero
... y,
tus olas saben que todavía es mi playa
aquella en la que siempre atardeciste

....no me olvidaste.
Aún tallas mis esquinas con tus soles.
Tu lengua se deshace entre mi letras.
Te esperan muchas lluvias a mi lado.
Te esperan más mentiras en mis brazos.
© 2007, Klenya M. Morales.

Mentiras

Desde que renuncié a mi puesto como directora médica de la clínica mi vida ha sufrido algunos cambios radicales. Me cambié el color y el corte de cabello. Soy otra. Cuando comencé a trabajar como telefonista de un call center de emergencias, sabía que estaba sobrecalif icada, pero desconocía sus efectos inmediatos en mi vida personal. Soy casi un vampiro. Falta de apetito. Básicamente lo único que me falta es el ataúd; es como tener un jetlag sin haber dejado de tocar tierra. Yo, toda una f isiatra. Viviendo de noche. Tan alerta de las urgencias absurdas del resto de la gente que no puedo conciliar el sueño por muy cansada que llegue a casa. La que habría sido nuestra. Oigo tantas cosas extrañas. Toco tantas vidas. Resuelvo tantas vainas diferentes. Las personas se meten en los problemas más inverosímiles cada día. Y es gente que jamás conoceré. No es normal. No tengo tiempo de estar ni conmigo, pues cuando estoy sola pienso en todo lo que pasé dentro del monótono cubículo de mi of ic…

Soledades

En cinco días nadie le había llevado ni un bocado de pan. Sus manos rugosas como la cáscara de nuez, le temblaban a causa del hambre. Así encontré a la abuelita de nadie.
© 2007, Klenya M. Morales.

El Aleph

El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico
estaba ahí sin disminución de tamaño.
Cada cosa era infinitas cosas,
porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo.

JORGE LUIS BORGES, El Aleph

Melancolía