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Carta de una madre agradecida

Cuando me dijeron que mi pequeño bebé tendría que pasar los primeros días de su vida en un hospital de la Caja de Seguro Social, pensé que mi vida había acabado. Me recriminé el no haber planificado tener un seguro privado con mayor cobertura para mi hijo. Decir que estaba deseperada no es suficiente para describir todo lo que me pasó por la mente.Hoy, casi nueve meses después del nacimiento de mi niño, no me alcanza el ciberespacio para agradecer las atenciones del Hospital de Especialidades Pediátricas de la C.S.S. y bendecir cada centavo que me descontaron de mis quincenas para cubrir con mis cuotas. Siempre he pensado que lo peor de los panameños es el no celebrar las cosas buenas de nuestro país. No puedo dejar pasar el tiempo para dar gracias a mi Dios, a la Virgen y a los funcionarios del Hospital, la oportunidad que le dieron a mi familia de comenzar de nuevo, aún cuando las cosas no empezaron con el viento a nuestro favor. Obviamente el hospital tiene sus limitaciones. Los cuartos no están bellamente pintados, las cortinas no combinan. No hay una enfermera para cada niño. Pero en ese lugar se nota inmediatemente la presencia de Dios. ¡Es una dicha inmensa y una gran esperanza saber que nuestros niños tienen, dentro del territorio panameño, un lugar en donde se investigará minuciosamente el diagnóstico de sus enfermedades, en donde recibirán consultas especializadas practicamente a diario. Un lugar en donde se les dará la alimentación que necesitan y los medicamentos básicos que garanticen su recuperación.Cuando Juan nació, yo no sabía que los seguros privados no cubren a los recién nacidos luego de 10 días. Yo pensaba que la medicina privada era lo máximo. No tenía ni la menor idea de que recibiría tanto de quien menos lo esperaba, y a cambio de tan poco. Para sorpresa de muchos de los que lean esta nota, el sistema de seguridad social panameño, fue la esperanza que hizo posible la primera Navidad de mi pequeño guerrero.Agradezco infinitamente a nuestro pediatra (Dr. Juan-Juanki- Araúz) quien sin dudarlo nos refirió con el Dr. Miguel De la Rosa (Cardiólogo) y con el Dr. Ricardo Aguirre (Cirujano Cardiovascular). Gracias al increíble cuerpo de epecialistas, enfermeras, auxiliares de enfermería, terapeutas, mensajeros, aseadores, administrativos y funcionarios en general. Quizás lo que ustedes hicieron por mi hijo es cosa de todos los días, pero yo estoy segura de que Dios permitió que cada uno desarrollara al máximo sus capacidades, para que yo pueda verme hoy reflejada en los ojos de Juan. Es una gran alegría saber que nuestros niños no están solos, y que en medio de tantas cosas que andan mal en Panamá, aún existen profesionales que hacen su trabajo con amor.

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