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Atención despersonalizada

Cualquier similitud con la realidad probablemente sea correcta.

Suena el celular. Número privado. Una chica de acento extranjero nos llama de parte de un banco ofreciéndonos una tarjeta de crédito. Te bajan cielo y tierra. La tentación es grande. Una semana después el plástico a nuestro nombre está en nuestra casa.
Pero era demasiado bueno para ser cierto. En nuestro primer estado de cuenta nos llegan los costos de alrededor de 25 dólares en seguro de incendios, seguro de fraude, seguro de robo, seguro del seguro y otros. Luego uno se da cuenta que cada pago que haga va directamente a la cancelación del saldo comprado así que en seis meses se acaba lo del 0% y comienza la implementación de la súper tasa que nos ofrecieron.
En el segundo estado de cuenta, vemos que nuestra fecha de corte se corrió dos días y caímos en incumplimiento. Te ganaste a una multita de 30.00 dólares. Uno va y hace su pago, y hace un par de compras. El mes siguiente el pago por ACH lo hicimos después de las cinco de la tarde en viernes y caímos en incumplimiento de nuevo. Otra multita. Te dejan de mandar el estado de cuenta a tu e-mail. Seis meses después te deja de llegar el estado de cuenta a la casa. Tratas de ver tu cuenta en todas las sucursales pero los bancos se fusionaron, y donde antes había una sucursal ahora hay un restaurante de comida china que el Ministerio de Salud acaba de cerrar por diversas razones de salubridad. En las sucursales solo hay un seguridad, un cajero, una chica de plataforma. Pasas el plástico por el punto de consulta y te alarmas al ver que tu tasa efectiva subió un par de puntos. Ves la primera anualidad y ¡chispas! te das cuenta que fue de 120.00 dólares, pero ni modo, no hay nadie con quien hablar del tema porque la chica de plataforma desapareció y al cajero no habla mucho.
Pasa otro año y te hartas de la tarjeta. El saldo no baja. Se te olvidan un par de pagos, no sabes por dónde va tabla. Tratas de redimir tus puntos y te tienes que ir a Casa Matriz en ciudad capital y esperar como tres horas que te atiendan. Preguntas cómo cancelar la tarjeta, te dicen que solamente se puede hacer por teléfono. En cuanto uno habla de cancelación, lo mandan como por 30 minutos a que un asesor de fidelidad de los clientes te trate de seducir con nuevas ofertas para que no te vayas del banco. Cuando al final te deja hablar, le dices que una tasa de 30% anual sencillamente es un insulto a tu inteligencia. Ellos se disculpan por el mal servicio que te dieron. En dos semanas tu tarjeta estará cancelada. Te llega la nueva tarjeta a tu casa y te mueres de la furia. Llamas de nuevo y te pasan con cualquiera al que le tienes que echar de nuevo todo tu cuento. Te dan un número para retirar una carta de cancelación en la sucursal de ésas que ya conocemos. Ya sin ánimo pides tu carta y te dicen que te falta pagar un dólar.
Moraleja: La próxima vez que me llamen de un número privado, sencillamente no voy a contestar.

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