Ir al contenido principal

Navidad personal

 Muchos de nosotros damos por descontado el buen funcionamiento de nuestros cinco sentidos. Ver, escuchar, sentir, oler y gustar son cosa de todos los días, para la gran mayoría de las personas. Esta columna del triskel persigue explicar con palabras qué es la Navidad en términos culinarios de aromas típicos.

Arroz con guandú, lechón y tamales. Es lo primero en lo que puedo pensar. El aroma de la hoja de bijao impregnado de maíz y especias son cosas que no necesitamos ver para entender. El ponche de huevo hecho a la antigua usanza por mi suegra o el más práctico y sencillo que hace mi mamá, cada uno con su encanto especial. Si me lo preguntan, el Ron Carta Vieja no puede ni debe ser sustituido.

En Ciudad de Panamá conocí las especias que adornan la chicha de saril, la canela, el azúcar y la acidez. El glaseado del jamón a base de jugo de piña y cerezas fantasía son un festival de colores que junto a un buen jamón ahumado, a mi juicio específico, superan a cualquier pavo. El pavo es una cosa medio como que más gringa. No termino de asimilarlo en mi mesa de Navidad, pero definitivamente no puedo negar que el ave ha tomado vigencia en las mesas panameñas. La mamá de un buen amigo hace un dulce de frutas que haría palidecer de la envidia a Cuquita).

Y qué me dicen de las galletitas danesas que no pueden faltar en ningún hogar que celebre la navidad. La frescura del ciprés, que nos pasa la factura muy temprano, pues es difícil hacerlo durar por toda la festividad.

En todas las casas hay olores navideños, recetas secretas, jamones que se quemaron, ponches que quedaron muy borrachos, almendras tostadas, cenas echadas a perder que necesitaron de una medida muy extrema en el último minuto.

Como quiera que sea, la Navidad es más que shopping, villancicos o celebración del nacimiento de Nuestro Señor. Es Él mismo el que se encarga de que la Navidad sea una experiencia de familia, de amor envuelto en el calor de la cocina y la tibieza del verdadero hogar.

A las chicas de mi tiempo (a las adultas contemporáneas) les pido que no dejemos pasar una Navidad más sin ser parte de esta tradición, sin agregar un sabor o un aroma a ese relleno de pavo tradicional. Si hacemos outsourcing de todo, estaremos colocando nuestras historias y sabores únicos y personales en manos de gente que lucra de la Navidad (lo cual no critico, como dice mi abuelita “Coman cuando hay”). Si no se nos ocurre nada o si no tenemos oportunidad de tirarnos al ruedo sencillamente especialicémonos en un platillo. Hagámoslo nuestro platillo (el ponche que me enseñó a hacer mi mamá es realmente fácil de hacer, aun se me cuaja, pero sé que alcanzaré la perfección alguna de estas navidades). En lo personal prefiero que mi herencia para mis nietas sea una receta navideña que el número de teléfono de “Servicios Navideños a Domicilio Whatever”

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta a un amigo a quien no veo hace tiempo

En el fondo, un solo de piano escuchado mil veces, media vida a cuestas, las cicatrices a la vista.
La vida que se estira sobre las calles del tiempo, con siluetas inventadas y manos torpes.
Pensé que todo sería más sencillo. Pero hoy no me queda más que reírme de mi ocurrencia. Los ecos de mi risa se repiten hasta morir en el olvido. Pero al menos aún recuerdo cómo era esa risa. Nacer cada día y morir con la luz. Un reto que no todos entienden. Esas mis historias que nadie sabe. Esos mis instantes vulnerables. El color de mi alma que tú conoces.
Saber que las batallas son relativas. Que el balance es la silueta del error y el residuo de hacer las cosas muchas veces, equivocarse y volver a escuchar la misma canción. Que no todo va a tener sentido. Que el acento de esta voz sitiada y a veces muerta no se quede en la imaginación. Así como en la niebla de los sueños. Así como en la irrealidad de los recuerdos. Desde el fondo del vacío, mis gritos se estrellaron contra estas paredes. Y…

Coco, o la importancia de contar tu propia historia

El que me conoce bien, sabe que no soporto las películas animadas. Cuando mis hijos ven cómicas en mi presencia, yo oprimo el botón de mute y simplemente los hago escuchar mi música favorita en el fondo. Es eso o no ven nada.

Dicho esto, les cuento que el 9 de enero, después de ir a la marcha y desayunar a las 2 de la tarde, decidimos llevar a Cutín a ver “Coco” al cine. Ya estaba yo decepcionada porque justo el día anterior fui a ver The last Jedi, y no pretendo decirles mi opinión sincera sobre la película.

Yo no esperaba nada de “Coco”. La misma gente que me dijo que “Up” daban ganas de llorar y que “Intensamente” es lo máximo, me recomendó esta nueva película de Pixar, que ya llevaba un Golden Globe sobre sus espaldas.

El resultado: No tengo palabras. No solamente adoré cada segundo de la película, sino que llevo once días pensando en el tema que más me conmovió de esta obra de arte. Pero de filosofía les hablaré más adelante. Ahora les hablo de lo obvio.

El trabajo de animación …

Vainas de la paternidad

No lo voy a negar. Hay gente que cree que inventó la maternidad. Hablan de los hijos como si no hubiera nada más entretenido en la bolita del mundo amén. Las notas, los psicólogos, las medallas, el día del niño estrella, los cumpleaños, que mi niño baila Des-pa-ci-to, que has fracasado como padre, que eres el mejor padre del mundo, que lo que les falta a los chiquillos es cuero, que si tú eres el mejor amigo de tus hijos, que si a ti no te engañan, que si les enseñas a beber desde casa para que no se inicien en la calle, que si la banda, el típico, los tutores, que les hablas en inglés para que todo sea más fácil, que si el Karate, o el ajedrez o el ballet al que obligan a todos sus familiares a ir. Que si la rebeldía de la adolescencia. Que si tuve que ponerme firme con el maestro. 
Man, hasta cuándo. 
Basta. 
En serio.
Y me incluyo.
Y es que eso de la paternidad es uno de los grandes misterios de la Creación.
Por qué rayos querría uno tener hijos? Qué misteriosa fuerza nos compele a repro…