Vainas de la paternidad

No lo voy a negar. Hay gente que cree que inventó la maternidad. Hablan de los hijos como si no hubiera nada más entretenido en la bolita del mundo amén. Las notas, los psicólogos, las medallas, el día del niño estrella, los cumpleaños, que mi niño baila Des-pa-ci-to, que has fracasado como padre, que eres el mejor padre del mundo, que lo que les falta a los chiquillos es cuero, que si tú eres el mejor amigo de tus hijos, que si a ti no te engañan, que si les enseñas a beber desde casa para que no se inicien en la calle, que si la banda, el típico, los tutores, que les hablas en inglés para que todo sea más fácil, que si el Karate, o el ajedrez o el ballet al que obligan a todos sus familiares a ir. Que si la rebeldía de la adolescencia. Que si tuve que ponerme firme con el maestro. 
Man, hasta cuándo. 
Basta. 
En serio.
Y me incluyo.
Y es que eso de la paternidad es uno de los grandes misterios de la Creación.
Por qué rayos querría uno tener hijos? Qué misteriosa fuerza nos compele a reproducirnos y seguir reproduciéndonos? Uno entiende al primero, pero dos, tres, cuatro?
Lo que sí no es un misterio, es lo que sucede una vez que tienes hijos
Aunque uno quiere que la casa parezca de revista, que cuando él llegue se respire tranquilidad, que todo el engranaje funcione perfectamente, esos deseos no son más que ilusiones. La gente debería saber que detrás de una casa en orden, hay un millón de ideas sobre las que al menos yo, no pude escribir. Cientos de llamados de inspiración que tuve que ignorar, porque mis hijos se volvieron mi prioridad. Porque eso de que un pedazo de uno ande por allí a la libre no puede ser.
Hace tiempo me resigné a que las cosas aquí no pueden ser perfectas. O limpieza o felicidad. Pero uno no puede tener todo, al menos no al mismo tiempo.
El éxito es relativo a cada ser humano. Mi éxito es no tener la vibra de acabada por la vida que tienen algunas mujeres de mi edad.  Esas que no beben porque el guaro las engorda. Las que destinan un sueldo entero a tratamientos de plasma y botox y se ven inmaculadas. Mi éxito es dormir a mis hijos en la noche y sentir que uno huele a maracuyá y a jabón, o  ver cómo el otro se quedó vencido abrazando el libro de El Principito, un Stormtrooper y al Capitán América. Luego de asegurarme de que están fuera de combate, bajo las escaleras a toda velocidad y procedo abandonarme a las profundidades de Netflix con un  vaso razonable de gin y tonic o una Stellita bien escarchada. O sumergirme en ese libro que me encanta pero que me da pena que la gente sepa que estoy leyendo.  Esos son mis éxitos. Cerrar los ojos.
Los hijos son brutales. Son cositas increíbles. Pero una vez que los tienes, momentos como el que describo no tienen precio. Son un éxito y como tal se aceptan y se capitalizan. Son mi descripción de éxito.
Uno corre de aquí para allá con desenfreno, tratando de que tomen suficiente agua, coman sus verduras, tomen sus vitaminas, no vean mucha televisión, reciban buenos ejemplos, no se traumen, lleven la chicha de saril y el turbante a la celebración de la etnia negra, tengan las camisas planchadas, salgan al parque un ratito. Uno respira profundo y de repente se hacen las nueve de la noche y todavía están despiertos.
Cuando finalmente caen bajo la democracia del sueño, te les quedas viendo, con sus caritas de paz y sus pies afuera de las sábanas. Y te da una melancolía y un sentimiento de culpa por haber deseado tan vehementemente que se durmieran. Porque el tiempo pasa rápido y ya mañana no van a querer agarrarse de tu falda. Porque ser padre es sentirse culpable de no haber hecho lo mejor. Uno nunca queda bien con uno mismo.

Para mí es un misterio el que los humanos aún no nos hayamos extinguido. Lo juro. El misterio de la paternidad, es demasiado insondable. Es increíble. A aquellos que decidieron no ir por ese camino y se resistieron a los cantos de sirena del reloj biológico, mis respetos. Ellos tendrán otro tipo de éxitos. Y cada quién tripea sus éxitos.
Oh no. Creo que alguien gritó "Mamá"
Salud.
Ciao.

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