Ir al contenido principal

La mochila Verde

Ya no recuerdo dónde la compré, pero sale en varias fotos que pueden convalidar mis versiones. Anatómica. Sucia, enmohecida por pedazos, pero aun bastante entera. Aguantará un par de batallas más. No digamos que es verde. Eso era en un principio. Hoy es del color del pasado, del color de esas cosas de las que no te puedes desprender. Del color de Barcelona en verano vista desde el Tibidabo y de Boquete desde un bus de ruta. Y eso que el verde ni siquiera me gusta tanto, pero no la puedo reemplazar pues a diferencia de la gente, ha estado conmigo en las buenas y en las malas, como un símbolo de ¿qué me importa?, a lo que se espera de mí. La mochila fiel. La mochila que no juzga y que guarda mis secretos tras sus zippers negros. Secretos de clientes, libros robados, lunas de miel y lluvias de estrellas. La mochila en la que empaco y me voy. La mochila constante. Aun cuando yo no lo sea.
Vencedora de mil y una requisas por las aduanas de la vida. Llena de las respuestas de las que las espaldas se te van llenando a medida que caminas. Es más fuerte de lo que parecía. Fue un buen producto. No ha habido que cambiarla en siete años.
Dentro de los variopintos mundos en los que he tenido que aterrizar, en la lucha por hacer realidad mis sueños, la he exhibido como bastión de mi rebeldía a ese mundo de corbatas y profesionales, protocolos y falsedades de gente que no siente pasión por lo que hace. Un repudio total a las reglas. ¿Por qué he de usar un maletín Louis Vuitton cuando la mochila verde es más cómoda?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta a un amigo a quien no veo hace tiempo

En el fondo, un solo de piano escuchado mil veces, media vida a cuestas, las cicatrices a la vista.
La vida que se estira sobre las calles del tiempo, con siluetas inventadas y manos torpes.
Pensé que todo sería más sencillo. Pero hoy no me queda más que reírme de mi ocurrencia. Los ecos de mi risa se repiten hasta morir en el olvido. Pero al menos aún recuerdo cómo era esa risa. Nacer cada día y morir con la luz. Un reto que no todos entienden. Esas mis historias que nadie sabe. Esos mis instantes vulnerables. El color de mi alma que tú conoces.
Saber que las batallas son relativas. Que el balance es la silueta del error y el residuo de hacer las cosas muchas veces, equivocarse y volver a escuchar la misma canción. Que no todo va a tener sentido. Que el acento de esta voz sitiada y a veces muerta no se quede en la imaginación. Así como en la niebla de los sueños. Así como en la irrealidad de los recuerdos. Desde el fondo del vacío, mis gritos se estrellaron contra estas paredes. Y…

Coco, o la importancia de contar tu propia historia

El que me conoce bien, sabe que no soporto las películas animadas. Cuando mis hijos ven cómicas en mi presencia, yo oprimo el botón de mute y simplemente los hago escuchar mi música favorita en el fondo. Es eso o no ven nada.

Dicho esto, les cuento que el 9 de enero, después de ir a la marcha y desayunar a las 2 de la tarde, decidimos llevar a Cutín a ver “Coco” al cine. Ya estaba yo decepcionada porque justo el día anterior fui a ver The last Jedi, y no pretendo decirles mi opinión sincera sobre la película.

Yo no esperaba nada de “Coco”. La misma gente que me dijo que “Up” daban ganas de llorar y que “Intensamente” es lo máximo, me recomendó esta nueva película de Pixar, que ya llevaba un Golden Globe sobre sus espaldas.

El resultado: No tengo palabras. No solamente adoré cada segundo de la película, sino que llevo once días pensando en el tema que más me conmovió de esta obra de arte. Pero de filosofía les hablaré más adelante. Ahora les hablo de lo obvio.

El trabajo de animación …

Vainas de la paternidad

No lo voy a negar. Hay gente que cree que inventó la maternidad. Hablan de los hijos como si no hubiera nada más entretenido en la bolita del mundo amén. Las notas, los psicólogos, las medallas, el día del niño estrella, los cumpleaños, que mi niño baila Des-pa-ci-to, que has fracasado como padre, que eres el mejor padre del mundo, que lo que les falta a los chiquillos es cuero, que si tú eres el mejor amigo de tus hijos, que si a ti no te engañan, que si les enseñas a beber desde casa para que no se inicien en la calle, que si la banda, el típico, los tutores, que les hablas en inglés para que todo sea más fácil, que si el Karate, o el ajedrez o el ballet al que obligan a todos sus familiares a ir. Que si la rebeldía de la adolescencia. Que si tuve que ponerme firme con el maestro. 
Man, hasta cuándo. 
Basta. 
En serio.
Y me incluyo.
Y es que eso de la paternidad es uno de los grandes misterios de la Creación.
Por qué rayos querría uno tener hijos? Qué misteriosa fuerza nos compele a repro…