Cosas que nadie me puede quitar

Los atardeceres bajo el gran pino que ya no está.
Los monólogos de mi papá con un vaso de ron.
El café sin azúcar para los dulces de chocolate a la hora de la siesta en Barcelona.
La silueta de su cabello negro contra el azul del cielo.
El canto de los periquitos verdes en verano.
Los shots de tequila con mi hermana.
La primera vez que caminé de la escuela a la casa de mi abuela.
Los regaños de doña Lucrecia a sus ayudantes.
Los trompos en el deportivo negro sobre la grava frente al Politécnico.
Ver las estrellas acostada sobre la cancha de basketball del colegio.
Los nervios en el escenario.
El beso que le tiré al baterista.
La dedicatoria que nunca llegó.
Mi primera canción.
Aquella gran derrota.
Una noche de baile.
El volverlo a ver.
Esas manos pequeñas unidas bajo su cabecita.
La primera vez que leí sin hablar.
Los cuentos de mi abuelita en las noches frías de Boquete.
El miedo a la tempestad en mar abierto, remando hacia la orilla.
Bañarme con agua de lluvia.
La noche que encesté 15 puntos.
La sombra del árbol de mango.
Las tardes de bicicleta en la calle sin salida.
El placer secreto de que se crean mis mentiras.
Las canciones que nadie sabe que me sé.
El sabor de las nueces con arándanos secos.
Lo bien que me queda el rojo.
La buena memoria que tengo para las caras.
La tercera vez que cometí el mismo error.
Esta sensación de no haber crecido.
El silencio que sigue a sus versos.
Las lágrimas de cuando me partieron el corazón.
El olor a pomarrosa.

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