Entre nosotros crece la ropa en las mañanas
se atraviesan mil veces los oficios
nos mueven los deberes
el futuro
las cosas.
Desvaríos, Ángeles Mastretta
martes, 4 de marzo de 2008
lunes, 14 de enero de 2008
La tesis de grado
http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2000/12/07/hoy/opinion/
La sustentación es un momento mágico; un sabor a éxito que nadie te puede arrebatar
Creo que la mía fue una de las últimas generaciones de abogados (1997) de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, a la que se le exigió realizar y exponer un trabajo de tesis para obtener el ansiado título.
Puedo afirmar sin lugar a dudas, que aunque a partir de aquel momento se mantenga la realización del trabajo de graduación como una opción, ésta pasará a ser una práctica legendaria en nuestros centros educativos, condenada al más total de los olvidos. Nadie elige hacer un trabajo de tesis a menos que la tenga casi lista al terminar la carrera. Y para los previsores estudiantes de derecho de nuestro país esa, definitivamente, no es la tónica
A riesgo de sonar obsoleta, desfasada o resentida, puedo dar fe de que mientras sustentaba mi trabajo de graduación frente a las personas que más amo, con el reto de tener a mis profesores cuestionándome y tratándome de igual a igual, el tiempo y esfuerzo invertidos en la carrera cobraron verdadero sentido.
La sustentación es un momento mágico; un sabor a éxito que nadie te puede arrebatar. El trabajo de tesis será seguramente, junto a los libros que hay que donar y los 250 balboas que en promedio pudo haber costado estudiar con el dinero del resto de los contribuyentes, el único aporte que se deja a la Universidad.
Un abogado es mucho más que un momento o una serie de momentos. Es mucho más que una tesis. De acuerdo. Cuarenta y cinco minutos de exposición y un año aproximado de investigación, redacción y pulimiento, junto a la lucha épica que es necesario librar contra un sistema administrativo lento y burocrático, no determinan tu capacidad como litigante o asesor o lo que quiera que sea que vayas a ser después de graduado.
Obviamente, el mundo jurídico no está a la espera de tu aporte intelectual para seguir girando.
Ser abogado es más que tener contactos y conocer la práctica; lo cual también es muy importante. Pero el abogado debe estar en posición de investigar, escribir y ser crítico.
El motivo de mi terror reside en que la supresión de este requisito puede relajar las exigencias mínimas deseables que debe llenar un estudiante de leyes antes de salir a prestar un servicio a la sociedad. Y digo puede, porque a los buenos abogados que fueron alumnos consagrados y pasantes sobresalientes, probablemente no les habrá hecho falta haber realizado o no un trabajo de graduación notable.
Pero si relajamos las medidas que permiten el ingreso, bajamos los estándares de selectividad, prohijamos el absentismo de estudiantes y profesores, no exigimos rendimiento de excelencia, no actualizamos la enseñanza y por si fuera poco, aniquilamos el trabajo de tesis como corolario demostrativo de que el estudiante al menos domina una pequeño parte del mundo legal, nos estaremos mereciendo a todos y cada uno de los profesionales de nuestra ya muy en entredicho profesión. No tendremos carácter moral para exigir a los hombres y mujeres que no supimos formar.
La educación superior es un privilegio que gracias a Dios está al alcance de muchos jóvenes panameños, por la existencia de un programa educativo que posibilita el crecimiento académico de personas de todos los sectores de nuestra sociedad. Si el sistema es permisivo con el estudiantado, distorsiona la realidad con la que el joven se encuentra en la calle y fomenta que a falta de recurso cognocitivo e intelectual se siga institucionalizando la ley del menor esfuerzo. Es la bien llamada cultura light.
La calidad total en materia educativa, no solo de este sino de todos los niveles, no puede ni debe tener fronteras. Nuestro sistema político y nuestro entorno histórico no solo permiten al hombre formarse integralmente, sino que le exigen hacerlo.
La sustentación es un momento mágico; un sabor a éxito que nadie te puede arrebatar
Creo que la mía fue una de las últimas generaciones de abogados (1997) de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, a la que se le exigió realizar y exponer un trabajo de tesis para obtener el ansiado título.
Puedo afirmar sin lugar a dudas, que aunque a partir de aquel momento se mantenga la realización del trabajo de graduación como una opción, ésta pasará a ser una práctica legendaria en nuestros centros educativos, condenada al más total de los olvidos. Nadie elige hacer un trabajo de tesis a menos que la tenga casi lista al terminar la carrera. Y para los previsores estudiantes de derecho de nuestro país esa, definitivamente, no es la tónica
A riesgo de sonar obsoleta, desfasada o resentida, puedo dar fe de que mientras sustentaba mi trabajo de graduación frente a las personas que más amo, con el reto de tener a mis profesores cuestionándome y tratándome de igual a igual, el tiempo y esfuerzo invertidos en la carrera cobraron verdadero sentido.
La sustentación es un momento mágico; un sabor a éxito que nadie te puede arrebatar. El trabajo de tesis será seguramente, junto a los libros que hay que donar y los 250 balboas que en promedio pudo haber costado estudiar con el dinero del resto de los contribuyentes, el único aporte que se deja a la Universidad.
Un abogado es mucho más que un momento o una serie de momentos. Es mucho más que una tesis. De acuerdo. Cuarenta y cinco minutos de exposición y un año aproximado de investigación, redacción y pulimiento, junto a la lucha épica que es necesario librar contra un sistema administrativo lento y burocrático, no determinan tu capacidad como litigante o asesor o lo que quiera que sea que vayas a ser después de graduado.
Obviamente, el mundo jurídico no está a la espera de tu aporte intelectual para seguir girando.
Ser abogado es más que tener contactos y conocer la práctica; lo cual también es muy importante. Pero el abogado debe estar en posición de investigar, escribir y ser crítico.
El motivo de mi terror reside en que la supresión de este requisito puede relajar las exigencias mínimas deseables que debe llenar un estudiante de leyes antes de salir a prestar un servicio a la sociedad. Y digo puede, porque a los buenos abogados que fueron alumnos consagrados y pasantes sobresalientes, probablemente no les habrá hecho falta haber realizado o no un trabajo de graduación notable.
Pero si relajamos las medidas que permiten el ingreso, bajamos los estándares de selectividad, prohijamos el absentismo de estudiantes y profesores, no exigimos rendimiento de excelencia, no actualizamos la enseñanza y por si fuera poco, aniquilamos el trabajo de tesis como corolario demostrativo de que el estudiante al menos domina una pequeño parte del mundo legal, nos estaremos mereciendo a todos y cada uno de los profesionales de nuestra ya muy en entredicho profesión. No tendremos carácter moral para exigir a los hombres y mujeres que no supimos formar.
La educación superior es un privilegio que gracias a Dios está al alcance de muchos jóvenes panameños, por la existencia de un programa educativo que posibilita el crecimiento académico de personas de todos los sectores de nuestra sociedad. Si el sistema es permisivo con el estudiantado, distorsiona la realidad con la que el joven se encuentra en la calle y fomenta que a falta de recurso cognocitivo e intelectual se siga institucionalizando la ley del menor esfuerzo. Es la bien llamada cultura light.
La calidad total en materia educativa, no solo de este sino de todos los niveles, no puede ni debe tener fronteras. Nuestro sistema político y nuestro entorno histórico no solo permiten al hombre formarse integralmente, sino que le exigen hacerlo.
miércoles, 9 de enero de 2008
La mochila Verde
Ya no recuerdo dónde la compré, pero sale en varias fotos que pueden convalidar mis versiones. Anatómica. Sucia, enmohecida por pedazos, pero aun bastante entera. Aguantará un par de batallas más. No digamos que es verde. Eso era en un principio. Hoy es del color del pasado, del color de esas cosas de las que no te puedes desprender. Del color de Barcelona en verano vista desde el Tibidabo y de Boquete desde un bus de ruta. Y eso que el verde ni siquiera me gusta tanto, pero no la puedo reemplazar pues a diferencia de la gente, ha estado conmigo en las buenas y en las malas, como un símbolo de ¿qué me importa?, a lo que se espera de mí. La mochila fiel. La mochila que no juzga y que guarda mis secretos tras sus zippers negros. Secretos de clientes, libros robados, lunas de miel y lluvias de estrellas. La mochila en la que empaco y me voy. La mochila constante. Aun cuando yo no lo sea.
Vencedora de mil y una requisas por las aduanas de la vida. Llena de las respuestas de las que las espaldas se te van llenando a medida que caminas. Es más fuerte de lo que parecía. Fue un buen producto. No ha habido que cambiarla en siete años.
Dentro de los variopintos mundos en los que he tenido que aterrizar, en la lucha por hacer realidad mis sueños, la he exhibido como bastión de mi rebeldía a ese mundo de corbatas y profesionales, protocolos y falsedades de gente que no siente pasión por lo que hace. Un repudio total a las reglas. ¿Por qué he de usar un maletín Louis Vuitton cuando la mochila verde es más cómoda?
Vencedora de mil y una requisas por las aduanas de la vida. Llena de las respuestas de las que las espaldas se te van llenando a medida que caminas. Es más fuerte de lo que parecía. Fue un buen producto. No ha habido que cambiarla en siete años.
Dentro de los variopintos mundos en los que he tenido que aterrizar, en la lucha por hacer realidad mis sueños, la he exhibido como bastión de mi rebeldía a ese mundo de corbatas y profesionales, protocolos y falsedades de gente que no siente pasión por lo que hace. Un repudio total a las reglas. ¿Por qué he de usar un maletín Louis Vuitton cuando la mochila verde es más cómoda?
jueves, 15 de noviembre de 2007
Rumores
Hay un dicho que en inglés dice: “When in Rome, do as the Romans do”. Lo cual básicamente significa, que cuando estés en una tierra extraña, debes seguir las costumbres de aquellos que la habitan.
Escuché por allí el rumor de que los extranjeros residentes en Boquete se encuentran cabildeando la propuesta de ¿comprar el terreno de la Feria de Boquete?, con la finalidad de dar fin de una vez por todas al escándalo producido por los bailes y eventos que allí se realizan durante la segunda semana de enero. Espero que sólo sea un rumor.
Hace poco, me prestaron un libro llamado Destrucción Creativa, o algo por el estilo. En el mismo se relataba la historia de la historia de nunca acabar en la que las culturas más poderosas neutralizan a las más pequeñas para dar origen a nuevas culturas integradas por elementos de todos. ¿De eso se trata la globalización, no? Interesante. Ya me imagino a la gente de Pamplona, cancelando su mundialmente famoso Festival en dónde los hombres del pueblo arriesgan sus vidas corriendo frente a una manada de toros enfurecidos. Ya me imagino a los brazileños cancelando sus legendarios carnavales llenos de fuegos de artificio, plumas y murga. ¡Qué les parece que canceláramos los Mundiales de Fútbol en atención a la Liga de Mujeres Desatendidas! Ni qué decir de los millares de neoyorquinos que se dan cita contra vientos y mareas en Times Square cada 31 de diciembre a despedir al Año Viejo. Tendrían que celebrar en sus casitas, solos con su soledad.
Viví unos veintitantos años de mi vida escuchando el estruendo de la Feria Internacional de David a unas siete cuadras de mi casa, ¿y saben una cosa? Siempre que me pareció demasiado, pensé que ese era mi hogar. Que las calles y las casas y el verano no sería lo mismo si no había feria. Me la aguanté. De las múltiples razones por las cuales mi Panamá es un hermoso lugar para vivir, la alegría de nuestra gente el sabor de nuestra fiesta, nuestros miles de días feriados, nuestra bulla y nuestro ingenio para hacer de cada cosa una excusa para celebrar (así sea un empate en el futbol). Esas cosas son de las que más extraño cuando estoy lejos.
Hermanos boqueteños: creo de que es tiempo ya de que alguien diga lo que piensa y de que los que tienen poder de decisión velen por las cosas que aún nos quedan. La fuerza de la razón podrá decir que una simple celebración pueblerina debe darle paso al progreso. La gente que ha decidido dejar la vida que conocen atrás en busca de un lugar en donde sus dólares y su retiro les rindan más, si bien han cambiado nuestro entorno en modos muy positivos, también deben adaptarse al cambio de que ya no están “in Kansas anymore” como diría Dorothy al encontrarse con su perro Toto en el Reino de Oz.
Si nos quitan nuestra feria, será un precedente de la decadencia de un pedacito de Chiriquí. Y los culpales no serán los inmigrantes. Seremos los que vendemos a diestra y siniestra nuestras tierras.
El hogar es donde está el corazón, dice otro famoso dicho muy utilizado en inglés. Si dejamos que nuestro corazón se convierta en un lujoso bypass hecho de oro e incrustado de piedras preciosas y a prueba de ruidos, quizás latirá por más tiempo, pero con latidos mecánicos que nadie escuchará.
lunes, 22 de octubre de 2007
Más que una simple palabra
Hay una palabra describe mis raíces, mi origen y el lugar de donde vengo. Mucha gente ha escrito cosas acerca de ella. Hoy me uno a este incesante derramamiento de tinta sobre algo que se puede decir con una sola palabra.
Quizás Patria no sea un término muy popular en otras latitudes. Quizás es muy abstracta, o muy inmensurable, o de muy alto contexto. O muy importante o muy olvidada. O muy inocente e idealista. O muy tercermundista.
Y es que la Patria no es un concepto concreto de límites o localización geográfica. No la puedes encontrar entre meridianos y paralelos o medirla en grados. Es más como una sustancia que es parte del torrente sanguíneo y corre como le da la gana por tus venas y arterias. Quizás nunca la veas, pero sabes que esta allí. Real. Viva. Única. Tuya. Está en tu alma.
La Patria es esa mujer de piel dorada y sonrisa hecha de azúcar y estrellas de verano; con su cabello largo ondeando al ritmo de la brisa de mar y los tambores de otros tiempos. Su fragancia de mango maduro y café caliente, de miel y de queso blanco, de sudor y hojas de limón puede llegar a ser el amor verdadero que invade cuando estás lejos. En lo único que puedes pensar es en estar entre sus brazos otra vez.
La Patria es más que tierra y propiedad. Está en el pasado y en la pasión que solo puedes entender si cierras tus ojos y la sientes. Patria es la certeza de donde vienes. Es de identidad y de historia, pero es mucho más que eso. Significa familia y amor y dolor. Patria es el marco de todas tus memorias; la imagen de la bandera ondeando soberana sobre las siempre verdes colinas de un lugar que es tuyo.
La Patria es el viejo sentado frente a su casa, dejando que el sol de la tarde bese su cara. La patria son los niños que corren a través de las luces rojas mientras te ofrecen una bolsa plástica llena de naranjas dulces junto con la oportunidad de calmarles el hambre, al menos por ese día. Patria son nuestros eternos 30 grados Centígrados y nuestro 99% de humedad relativa que nos hace hablar más rápido y perder la paciencia cuando se daña el aire en medio del aguacero del mediodía. Patria es esa música que todo el mundo canta en el silencio de su corazón y que significa lo mismo para todos y diferentes cosas para cada uno.
Patria no se trata de poder o ingreso bruto o las guerras que has ganado o las estrellas en tu pecho, sino del sabor de las comidas de mamá o del recuerdo de la brisa bajo la sombra de los árboles. A la Patria la puedes llamar cuando quieras y el modo en que su nombre sale de tus labios te llena de una manera inexplicable que es capaz de estremecerte. Patria es la cadena de palabras que forman tu idioma, porque esas son las palabras con las que aprendiste a soñar, a sufrir, amar, a pensar y a sentir.
Patria no es el lugar en donde puedes hacer más dinero o tener mejores oportunidades. La Patria es ese puñado de luces blancas que desde la distancia es lo único que necesitas para sentirte vivo de verdad. La Patria es algo que debe ser lo suficientemente grande para que mueras por ella y para que te sientas orgulloso pero lo suficientemente pequeña llevarla en tu bolsillo a donde quiera que vayas.
La Patria es el dolor que te mata cuando alguien la denigra solamente porque es pequeña o pobre, o diferente o simplemente porque ellos no entienden como puedes ser tan sensible sobre algo que no se puede ver ni tocar.
No hay otra palabra que signifique lo mismo. Nada que se compare. Nadie nos lo puede explicar. No dejemos que aquéllos que no tienen ni sueños, ni ilusiones, ni nada que decir, se atrevan a empañar nuestros sentimientos o nuestro presente.
Quizás Patria no sea un término muy popular en otras latitudes. Quizás es muy abstracta, o muy inmensurable, o de muy alto contexto. O muy importante o muy olvidada. O muy inocente e idealista. O muy tercermundista.
Y es que la Patria no es un concepto concreto de límites o localización geográfica. No la puedes encontrar entre meridianos y paralelos o medirla en grados. Es más como una sustancia que es parte del torrente sanguíneo y corre como le da la gana por tus venas y arterias. Quizás nunca la veas, pero sabes que esta allí. Real. Viva. Única. Tuya. Está en tu alma.
La Patria es esa mujer de piel dorada y sonrisa hecha de azúcar y estrellas de verano; con su cabello largo ondeando al ritmo de la brisa de mar y los tambores de otros tiempos. Su fragancia de mango maduro y café caliente, de miel y de queso blanco, de sudor y hojas de limón puede llegar a ser el amor verdadero que invade cuando estás lejos. En lo único que puedes pensar es en estar entre sus brazos otra vez.
La Patria es más que tierra y propiedad. Está en el pasado y en la pasión que solo puedes entender si cierras tus ojos y la sientes. Patria es la certeza de donde vienes. Es de identidad y de historia, pero es mucho más que eso. Significa familia y amor y dolor. Patria es el marco de todas tus memorias; la imagen de la bandera ondeando soberana sobre las siempre verdes colinas de un lugar que es tuyo.
La Patria es el viejo sentado frente a su casa, dejando que el sol de la tarde bese su cara. La patria son los niños que corren a través de las luces rojas mientras te ofrecen una bolsa plástica llena de naranjas dulces junto con la oportunidad de calmarles el hambre, al menos por ese día. Patria son nuestros eternos 30 grados Centígrados y nuestro 99% de humedad relativa que nos hace hablar más rápido y perder la paciencia cuando se daña el aire en medio del aguacero del mediodía. Patria es esa música que todo el mundo canta en el silencio de su corazón y que significa lo mismo para todos y diferentes cosas para cada uno.
Patria no se trata de poder o ingreso bruto o las guerras que has ganado o las estrellas en tu pecho, sino del sabor de las comidas de mamá o del recuerdo de la brisa bajo la sombra de los árboles. A la Patria la puedes llamar cuando quieras y el modo en que su nombre sale de tus labios te llena de una manera inexplicable que es capaz de estremecerte. Patria es la cadena de palabras que forman tu idioma, porque esas son las palabras con las que aprendiste a soñar, a sufrir, amar, a pensar y a sentir.
Patria no es el lugar en donde puedes hacer más dinero o tener mejores oportunidades. La Patria es ese puñado de luces blancas que desde la distancia es lo único que necesitas para sentirte vivo de verdad. La Patria es algo que debe ser lo suficientemente grande para que mueras por ella y para que te sientas orgulloso pero lo suficientemente pequeña llevarla en tu bolsillo a donde quiera que vayas.
La Patria es el dolor que te mata cuando alguien la denigra solamente porque es pequeña o pobre, o diferente o simplemente porque ellos no entienden como puedes ser tan sensible sobre algo que no se puede ver ni tocar.
No hay otra palabra que signifique lo mismo. Nada que se compare. Nadie nos lo puede explicar. No dejemos que aquéllos que no tienen ni sueños, ni ilusiones, ni nada que decir, se atrevan a empañar nuestros sentimientos o nuestro presente.
domingo, 7 de octubre de 2007
No admito (Mi reconciliación con Shakespeare)
No admito que se pueda destruir
la unión fiel de dos almas.
No es amor el amor que no logra subsistir
o se amengua al herirle el desamor.
El amor verdadero es tan constante,
que no hay nada que pueda reducirlo;
es la estrella de toda barca errante,
cuya altura se mide, no su brillo.
No es juguete del Tiempo, aunque los labios
y mejillas dobléguense a su suerte;
no alteran del Tiempo los agravios,
Pues su reino no acaba con la muerte.
Y si eso es falso y fuera en mi probado,
ni yo he escrito jamás ni nadie ha amado.
William Shakespeare
(1564-1616)
Let me not to the marriage of true minds
Admit impediments.
Love is not love
Which alters when it alteration finds,
Or bends with the remover to remove:
O no! it is an ever-fixed mark
That looks on tempests and is never shaken;
It is the star to every wandering bark,
Whose worth's unknown, although his height be taken.
Love's not Time's fool, though rosy lips and cheeks
Within his bending sickle's compass come:
Love alters not with his brief hours and weeks,
But bears it out even to the edge of doom.
If this be error and upon me proved,
I never writ, nor no man ever loved.
la unión fiel de dos almas.
No es amor el amor que no logra subsistir
o se amengua al herirle el desamor.
El amor verdadero es tan constante,
que no hay nada que pueda reducirlo;
es la estrella de toda barca errante,
cuya altura se mide, no su brillo.
No es juguete del Tiempo, aunque los labios
y mejillas dobléguense a su suerte;
no alteran del Tiempo los agravios,
Pues su reino no acaba con la muerte.
Y si eso es falso y fuera en mi probado,
ni yo he escrito jamás ni nadie ha amado.
William Shakespeare
(1564-1616)
Let me not to the marriage of true minds
Admit impediments.
Love is not love
Which alters when it alteration finds,
Or bends with the remover to remove:
O no! it is an ever-fixed mark
That looks on tempests and is never shaken;
It is the star to every wandering bark,
Whose worth's unknown, although his height be taken.
Love's not Time's fool, though rosy lips and cheeks
Within his bending sickle's compass come:
Love alters not with his brief hours and weeks,
But bears it out even to the edge of doom.
If this be error and upon me proved,
I never writ, nor no man ever loved.
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