viernes, 6 de marzo de 2015

Libertad, igualdad, fraternidad y terror



Los hechos del 7 de enero de 2015 marcaron un antes y un después en la historia del periodismo. El mundo entero se paralizó ante la ejecución a sangre fría, de periodistas y empleados del semanario parisino Charlie Hebdo por parte de grupos extremistas islámicos, de la misma calaña que cualquier otro terrorista del planeta. Gente para la que la vida humana no vale un pepino. Gente para quien el que no piensa como ellos no es digna de respirar. Hombres y mujeres que se amparan en su fe para encañonar a los “infieles” con una kalashnikov y abrir fuego contra sus semejantes.
En un planeta en el que debería haber espacio para todos vemos y seguiremos viendo cómo la cultura de la muerte sigue entregándonos frutos. Establezco el respeto a la vida, a cualquier vida humana, como un valor absoluto, al cual me rindo tanto religiosa como éticamente.
El grito común de la civilización ha sido identificarse con el hecho de que las ideas perviven a quienes se atreven a manifestarlas. No se admiten peros, ni medias tintas, ni tibiezas. La libertad no debe ni puede tener obstáculos ni frenos. Y a costa de parecer reaccionaria y recibir críticas, voy a hacer una pequeña reflexión sobre  el derecho a burlarse de lo que es sagrado para otro, desde la humildad de mi columna. Recuerden que es mi derecho.
En primera instancia, tú no decides lo que es sagrado para mí. No importa cuánta risa te de. Cuando te digo que algo es sagrado en serio, no te estoy intentando decir nada más. No te estoy preguntando si estás de acuerdo. Si no lo sabías, ahora lo sabes. Cuando te digo que mi Madre es María y mi Padre el Dios de los cielos, no te estoy queriendo decir nada más. Te digo lo que te digo. Cuando tú dibujas una blasfemia contra lo que te dije que es sagrado, me estás escupiendo a la cara. Y eso es humillante y doloroso.
Cuando tratas a un bebé no nacido de “protohumano”. Cuando tú me dices que tu perro tiene sentimientos y alma. Cuando me dices que te da asco que yo coma carne porque la vaca fue sometida a ultrajes. Cuando esgrimes que un hogar puede tener dos madres o dos padres, o que eres de un género indefinido y que la naturaleza se equivocó contigo, a mí me toca respetarte, pero no me lo tengo que creer ni aprobarlo, así como a ti no te cuadra mi “mitología”. Punto. No mandas en mi mente.
Charlie Hebdo pasó de ser un pasquín revoltoso, a un bastión de la libertad de prensa. En lo personal me sentí muy ofendida al investigar de qué iban. Y debo estar preparada para que mis hijos o cualquier niño educado en la fe católica, entienda por qué otro puede ser tan irreverente con lo que para mí es sagrado. Las ideas expresadas en las caricaturas escalaban las cimas del irrespeto y no promueven ni la igualdad ni la fraternidad. Por el contrario encendían y provocaban. Hacen que uno se sienta impotente de tener que aguantarse callado.
Dejan el sabor de que los que profesamos alguna religión tenemos impedimentos mentales. Irrespetan los principios sobre los cuales se ha cimentado la civilización como la conocemos. Estereotipan al católico. Y nos piden a los practicantes mirar hacia otro lado, porque no podemos sustentar su iluminismo con nuestra fe.
El católico debe estar listo para fortalecer su alma y guardarla de todo lo que busque corromperla porque creemos en una vida eterna y queremos salvarnos. El periodismo no debe ser un instrumento de odio. Debe ser un arma para llegar a la verdad.

Muchos no habrán llegado hasta esta línea de un escrito tan aburrido. Pero si usted tiene derecho a enlodar a mis padres, a mi patria o a mi Dios, yo tengo derecho a decirle públicamente, que lo que hace está mal.

lunes, 12 de enero de 2015

Hemos sido padres mediocres

Este artículo me ganó muchas participaciones, desde vieja loca hasta lo que ustedes quieran. Aquí les comparto mis pensamientos.

De salida les digo que soy católica practicante. Catecúmena, para que vayan a Google y desestimen mi opinión porque no soy de “mente abierta”. Pero no es a los librepensadores a los que dirijo mi artículo, pues ellos tienen un cerebro tan evolucionado que no creo que mis ideas emanadas directamente de las catacumbas les causen más que risa y lástima.
Les hablo a los padres de vocación, comprometidos con amar a sus hijos y que los han esperado con ilusión, para que vivan y aprendan hasta que no les quepa más conocimiento. A los que les importa la coherencia entre vida y pensamiento, y a los que quieren que sus hijos tengan todo.
No hemos sido parte de la solución y hoy estamos a punto de ver lo que pasa cuando la gente que sí está convencida de sus principios toma la batuta.
Nos urge un programa de educación sexual. El trabajo que nos correspondía a los padres lo hace la internet, los videojuegos –que ya simulan hasta gang rape (violaciones grupales)–; la basura con la que las dos principales televisoras locales envenenan a todo el que no puede pagar cable; la violencia sexual explícita de Game of Thrones; la publicidad sexista de todo el sistema capitalista, y el twerking (baile sugestivo) de la ex Hanna Montana, verdaderos ideólogos de esta generación.
Por si fuera poca la bazofia disponible sin control, ahora quieren que el archicompetente Estado custodie la educación sexual de mis hijos. ¡Pero si yo tengo un plan! Me he preparado para darles a mis hijos esa educación de élite que no puedo pagar. Tendré que hacerlos desaprender sobre esterilización voluntaria a los 18, ideología de género y viabilidad moral del aborto. Encima de las preocupaciones paternales debido a las drogas, el comunismo, neofascismo, consumismo, etcétera, mis hijos tendrán acceso a la parafernalia anticonceptiva sin que yo me entere. Pasarán 12 años hablando de sexo.
Soy fan de Calle 13, Caifanes y Sabina; me enloquecen Gabo y Asimov. Soy ambiciosa, ansiosa por vivir, escribir y leer. Escritora por ósmosis y abogada por accidente. Mujer interesada por mi lugar en el mundo. Me apasionan Simone, Friedan y el misterio de la violencia doméstica que ejerce quien juró amarte. Mis escritos me preceden desde los 15 años. No gastaré tinta en eso.
Supongamos que yo soy la única madre con este esquema. Lo cual es falso. Mi derecho de minoría será pisoteado. Pienso que el aborto es un eufemismo de asesinato. Tendré que modificar mi plan, porque he sido ciudadana mediocre, con miedo a defender mis principios por no ser tachada de intolerante y no involucrarme a tiempo. La agenda feminista del gobierno demócrata de Estados Unidos encontró la perfecta fisura histórica para colonizar la mente de mis hijos.
Estoy pensando en un plan B. Blindaré a mis hijos al precio que sea. Porque si este Gobierno no veta y sustituye el proyecto con algo que valga la pena y sea acorde a esta sociedad, Planned Parenthood volverá a la carga.

viernes, 16 de mayo de 2014

Amar dos veces

Amar dos veces
Por: Klenya Morales de Bárcenas
Publicado en el Suplemento Ellas, del Diario La Prensa, en su Especial de Maternidad
del Miércoles 14 de Octubre de 2014

Te gradúas de cuanta cosa puedes. Te realizas como profesional. Todos están orgullosos de ti. Encuentras (en mi caso reencuentras) al príncipe azul. Tienes la boda de los sueños. Ni en Hollywood. El plan era tener unos cuatro hijos. El plan era ser felices para siempre. Nunca fui ni soy chiquillera, pero me parece que la dinámica de las familias grandes, una vez superados los difíciles primeros años, debe ser muy divertida. Con ilusión esperamos a nuestro primer hijo, luego de una historia de novela de 13 años. Y la trama cambió, radicalmente. Llegó Juan David y me enseñó a ser mamá de formas muy diferentes. Y a ser feliz de maneras no convencionales.

Al tener en tus brazos a un primogénito “especial”, como políticamente es correcto llamar a niños como mi hijo, es comprensiblemente humano tener miedo. Querer salir corriendo. Y confieso que lo tuve. Por mucho tiempo. Tanto fue así que tiré por la borda mis planes. Me sentí incapaz, culpable, furiosa, me rendí varios miles de veces. Y me sigo rindiendo. Pero cuando tienes a un hijo como el mío, también aprendes que si el no “se echa”, menos derecho tienes tú de echarte.
Audífonos, terapia, operaciones, citas, especialistas. Vivir con el miedo y hacerte su amiga. Esa es toda una historia. Pero la intención de estas líneas es contarles cómo recuperamos nuestra vida y cómo resucitaron nuestros sueños.

Mi esposo me recuerda el día en el que le dije que ya no tenía miedo y que quería volverlo a intentar. De eso hacen como 3 años, si no es que más. Yo no recuerdo cómo, pero simplemente pasó, en un momento dejé de estar asustada. Pensé que la vida es muy corta y que no tendría otra oportunidad de construir la familia que soñé frente a Dios. Y luego de que los planetas se alinearan, y que el doctor dijera que mis probabilidades disminuían por día, y que el cardiólogo de Juan David hubiera puesto fecha a la tan temida cirugía de corazón abierto, nos salió un positivo, que yo me esperaba. Casi desde el minuto cero lo supe. Se nos había dado otra oportunidad. La vida comenzaba a exigir más dentro de mí y me metía en este enredo emocionante que pensé que no volvería a experimentar.

Hoy exhibo una pancita de ocho meses, seis años después del nacimiento de mi Juan David y con el reloj biológico bastante en contra. La gente me mira. Unos con alegría. Otros con cara de “ésta no aprende”, otros con la frase “Juancito necesitaba un hermanito, eso le hará mucho bien”. Y a mí no me es dado juzgar, sus juicios, valga la redundancia. Pero he llegado a la conclusión de que estas historias suceden para que uno las comparta. Si no, ni las risas ni el llanto habrán tenido sentido.

Este segundo bebé, viene a un mundo complicado pero hermoso. A un mundo en el que nadie cree en la magia, ni en los milagros, ni en los ángeles. Un mundo en el que les dicen “conjuntos de células” a los pequeñitos. En el que la gente no cree en el amor, ni nadie quiere sufrir y todos tienen “derecho a ser felices”. Un mundo en el que los hijos son una complicación, y mejor te lo piensas dos veces.
Todos me preguntan si es niño o niña. Cuando digo que no sabemos, no lo pueden creer. Queremos mantener el secreto. El doctor obviamente sabe, pero se ha prestado a nuestro juego. Porque hay misterios que valen la pena. Porque me encanta llevarle la contraria al sistema, como cuando puse dinero en mi ramo de novia, porque me daba coraje que las mujeres se maten por agarrar un manojo de flores, sin otro incentivo que no sea el del futuro marido.

Y estoy disfrutando esta segunda maternidad con la misma ilusión y los mismos miedos, sino es que un par de miedos más, pero con lecciones aprendidas y esperanza de que las cosas no sean tan extrañas esta vez. Todo se me ha olvidado. Y aunque lo recordara bien, ésta será otra historia. Es otro proyecto. Otro sueño. Arriesgado, pero sabiendo que no estoy sola. Que nunca lo estuve.

Juancito toca mi panza y sabe que algo ha cambiado. Es complicado hacerle entender lo que va a suceder, cuando yo sé perfectamente que nada es exactamente como uno lo planea. Cuando el nuevo bebé tenga 10 años, yo tendré 49. Y Dios sabe que no estoy segura de tener las energías. Como no las tuve la primera vez. Mi esposo, hace cuentas, planifica, se preocupa por lo que sienta Juan David sobre su hermanito (a), trata de contener los nervios. Ya le hemos comprado un body del equipo de Argentina. Sea niño o niña, será hincha, hasta que decida lo contrario po su propia voluntad.

Tengo nuevos planes, sé cosas nuevas. Tengo más paciencia. Supongo que soy mejor ser humano que cuando sólo pensaba en mi propia felicidad y en mis proyectos. Cuando creía que la felicidad estaba en la perfección y el éxito, tal y como lo define la sociedad en la que vivo. Soy hija mayor y hasta donde entiendo la situación del segundo hermano es, digamos, interesante. El nuevo bebé tendrá la ventaja de tener una mamá que ya ha visto latir el corazón de un hijo, y tenido que entenderlo sin lenguaje. De un papá que a la fuerza entendió que el amor va muchísimo más allá de las palabras. Literalmente.

Quiero para este bebé un camino nuevo. Sin proyecciones. Sin límites. Sin tantas piedras como las que le han tocado a su hermano. No lo voy a negar. Eso no implica que tenga bendiciones especiales para mi bebé. Que le guste leer. Que no tema amar, pero que no ponga su corazón en las cosas de este mundo. Que sea libre y valiente y que se arriesgue a tirar las redes. Mientras escribo estas líneas me patea con fuerza, como diciendo “Mami, no cuentes mis cosas, yo no los conozco”. Y yo le contesto, que a su alma le ha tocado habitar dentro de una mamá a la que le encanta contar historias, y que tendrá que vivir con eso.


El miedo y el amor no saben convivir. El amor es complicado. Pero les puedo asegurar que el corazón está diseñado para amar dos veces. Y todas las que sean necesarias.

Haberte amado

A Gabriel García Márquez, un mes después de que se fue...


Creo en mariposas amarillas que te pueden seguir donde quiera que vayas, en ojos de perro azul, en anónimos dejados frente a las casas y en abuelas desalmadas. Creo en vagones de trenes llenos de muertos. Creo en una bella mujer que fue asunta al Cielo, en ángeles viejitos de alas muy grandes que viven en gallineros. Creo que el verbo te habitó y te hizo su dios, su esclavo y su profeta en un planeta de mortales que no te merecimos, pero que te necesitamos.

Era 17 de abril de 2014. Jueves Santo. Un día antes de mi cumpleaños, hace exactamente una luna llena. Te me fuiste, Gabo. Y te he llorado como a un abuelo. Con vergüenza de mí misma por la sensiblería tan ridícula. Como si hubieras sido un hombre cualquiera, un héroe de revista del corazón y yo una groupie desconsolada. Yo caí a tus pies para siempre, me creí cada mentira, cada truco, cada pendejada. Ningún hombre se burló de mí de esa manera. Fuiste un fuera de serie frente a tu máquina de escribir. Un referente irrenunciable e innegable de todo lo que he intentado escribir desde que te conocí. En tu reino comprendí, que no hay camino más exitoso hasta el corazón de un lector, que decir lo que quieres decir, al precio que sea, no importa qué cabeza ruede. Pero es que lo que tú hacías ni se aprende ni se enseña. Es tan difícil querer escribir cualquier cosa después de leerte, García-Márquez, pues agotaste la magia de todas las voces, de todos los tiempos habidos y por haber.

Y ahora ante tu leyenda confieso haberte amado, confieso que vuelvo a ti en busca de consejo, porque eres la solución a mis páginas en blanco, porque bajo tu pluma cualquier palabra era elevada a la sofisticación, aun cuando escribiste altisonantes barrabasadas, que ofendieron a quienes son incapaces de amar su lado oscuro. Tus tiempos son perfectos. Siempre eres oportuno, lacerante y mágico. Sólo tú podías decir “Uno viene al mundo con sus polvos contados, y los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre” y salir del capítulo lleno de aplausos. O dejar caer un “"El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas" y hacerme citarte como si fueras el mismísimo Evangelio.

Eres un monstruo. Un mito. Una exageración que raya en lo sobrenatural. Así te he amado, viejo. Hace 30 días yo respiraba tu mismo aire y eso me hacía sentir especial. Ahora que te fuiste, tú eres la luna y sólo me queda mirarte, aullando sin esperanza por cualquier frase que se te hubiera quedado sin llegar a mí.

Lo nuestro fue especial. Lo sé porque estás aquí y por primera vez leerás algo que yo escribí. Porque ahora eres uno con todo y puedes mirar encima de mi hombro. Y te reirás y me dirás en secreto que no renuncie a mi trabajo convencional o que lo deje todo y escriba hasta desfallecer. Pero, viejo, aunque mi prosa accidentada sea mala e indigna, es verdad. Y aunque no te lo dijera, ya sabías de mi amor.

Yo no podía quedarme sin hablar de política

Por: Klenya Morales de Bárcenas

No recuerdo quién me dijo que todo hombre tiene su precio, el problema es poder pagarlo.  De todos los asuntos sobre política y elecciones que se van a tocar durante varios meses en este país, hay uno que realmente me ha removido en lo más profundo de las vísceras, causando un sentimiento que no puedo calificar como menos que asco. El dinero gastado en campaña, específicamente por el Estado, con la intención de favorecer al candidato del partido de gobierno.

Debo hacer una acotación. Yo voté por la nómina conformada por Cambio Democrático y el Partido Panameñista en 2009. Y aún sabiendo lo que sé hoy, votaría igual, aunque con el corazón empequeñecido.

Dicho esto prosigo. Como panameña se me cae la cara de vergüenza al ver la cantidad de plata que el gobierno invirtió en los últimos 6 meses en tratar de hacerme sentir orgullosa por obras que ya se habían construido. Eso no es un favor, señores. Es un deber, por el amor de Dios. Y cuando uno hace su trabajo, especialmente si es para el pueblo, se queda callado y deja que las obras hablen por sí mismas. Uno deja que la historia lo posicione en el lugar que se ganó. Esa gente que te eligió necesita cosas básicas: Salud, servicios públicos y educación. En ese orden y ante todo.

Esas cuñas de "Más en 5 años que en 50", "Más en 4 años que en 40", "Prometido, cumplido", sin más colores del espectro que los ya conocidos turquesa, blanco y rosa, se pagaron con dinero tuyo, mío, de nuestros hijos y nietos. No te engañes. No salieron del presupuesto de Cambio Democrático, ni de las empresas del presidente, ni de los patrocinadores del candidato CD. Y luego del 4 de mayo de 2014, no he visto ni una sola cuña más. Si ustedes vieran esas facturas de publicidad, no podrían dormir. Yo exijo ver ese balance. Es lo mínimo que me merezco.

El presidente que yo escogí y que debía estar trabajando por mi futuro, pues para eso le pago cuantiosos impuestos en relación a mi ingreso, utilizó su cuenta personal de Twitter para promocionar sin ningún escrúpulo a su candidato, en horas laborables y no laborables, sus encuestas favorables, las apetencias de su corazón "porque el también lo tiene". Usó la cuenta de la "majestad de la patria" para insultar y denigrar a sus oponentes. Para sacar papeles y dejar de manifiesto que jamás le interesamos realmente. Ni un ápice de respeto.

Para nada de lo que he dicho necesito pruebas. Son hechos consumados y documentados. Por los que estoy segura de que nadie pagará.

No voy a hablar de los carros, neveras, jamones, arroces, dinero en efectivo y otras hierbas aromáticas que se supone que intentaron y en muchos casos lograron comprar votos para todo tipo de posiciones, porque no los vi con mis ojos. Vi fotos, escuché denuncias. Pero nunca hubo un fiscal que se dignara de emplazar a los culpables. Para el que no lo sepa, un fiscal es un abogado de la nación, del pueblo, de la gente, no un florero, ni un vasallo servil, que de ésos ya estamos colmados. Lo que sí les puedo decir es que la "canastita" promocional del candidato de gobierno tenía audífonos, USB, una linda camiseta, una bolsa reciclable y una bocina para computadora, y de ésas repartió a cada uno de los más de 500 universitarios que escucharon sus propuestas en una universidad estatal. Me consta, porque tengo una. La mochila que MEDUCA le dio a mi hijo, que estudia en un salón con 5 niños más, justo después de la dichosa "canastita" de la Fuerza Cambio, tenía 8 crayones, 5 cuadernos y una regla de plástico. No opino, sólo informo.

Anuncio con orgullo que esta revista que edito con todo mi amor y esfuerzo, no recibió ni un centavo de propaganda política. Y no lo digo porque piense que el dinero generado por la campaña sea indigno, sino porque me alegro que Placacuatro no haya participado de esta estúpida danza de dólares. Ni a favor ni en contra de nadie.

Me alegra inmensamente que el pueblo le dijera que no a la política de la chequera, al bullying del que cree que todos tenemos precio. Había sido un gobierno de ejecución brillante en materia de infraestructura, que no necesitaba burlarse de nosotros para reelegirse. Lo que necesitaban era no subestimar a su gente. Haber mencionado un par de valores, tampoco les habría venido mal. En el silencio de la urna y la conciencia, dijimos la última palabra. Le cerramos la puerta al miedo. Fuimos fuertes y valientes.

David venció a Goliat. El lado oscuro de la Fuerza fue derrotado. La tortuga aplastó a la liebre. Una vez más, la piedra que desechó el constructor, se convirtió en la piedra angular. No nos pregunten nuestro precio. No lo pueden pagar. Y ése, es un mensaje para todo el que quiera volver a pedirnos un respeto que no se ganó.

martes, 8 de abril de 2014

Hijos introvertidos en un mundo extrovertido

Por: Klenya Morales de Bárcenas
Publicado en el Suplemento Ellas, especial Día de la Madre
Miércoles del 20 de noviembre de 2013

Vivimos en una sociedad en la cual el éxito se mide con números. Tu sueldo. La marca de tu carro. El precio de lo que cargas puesto. Tu cantidad de followers en Twitter. La cantidad de entradas a tu blog. “Lo que no se mide no se puede mejorar” es un viejo adagio ingenieril.  Por eso cuando nuestros hijos pasan horas leyendo en sus cuartos, no están metidos en redes sociales, no quieren bailar ballet, o hacer karate, o ir a cumpleaños o si no tienen muchos amiguitos, algunas madres podríamos entrar en pánico y comenzar a buscar diagnósticos psicológicos. Afinemos el microscopio, pues podríamos estar frente a un niño introvertido. Y eso, no es un insulto.

Los papás queremos lo mejor para nuestros niños y la preocupación y observación son saludables, pero si el suyo es un niño introvertido, probablemente, se está preocupando por gusto.

INTROVERTIDO, NO TÍMIDO
Es muy importante entender el concepto de introversión y en primer lugar diferenciarlo de la timidez. La timidez tiene componentes de aprehensión, nerviosidad y ansiedad. De hecho, la Real Academia de la Lengua Española, la define al tímido como: “Temeroso, medroso, encogido y corto de ánimo.”  El niño tímido es un niño que sufre y eso le puede llevar a problemas afectivos, de baja autoestima. Puede ser un niño indefenso, deprimido, irracionalmente asustado o hipersensible. "Cuando la timidez  nos impide disfrutar de la vida y hacer cosas que nos gustan, se está convirtiendo en un problema, que debe ser atendido." aclara Jonathan Fonseca, terapeuta en FUNDET-TOMATIS, que trabaja a diario con niños con condiciones especiales, como déficit de atención y autismo.

De la interesantísisma charla de la autora estadounidense Susan Cain en TED TALKS (www.ted.talks.com), muy recomendable para cualquier  padre que sospeche que su hijo es introvertido, se puede resumir que la introversión es un rasgo de la personalidad, no un defecto. No es una característica que se desarrolla de un día para otro, ni algo que se deba corregir ni superar. Es una manera de ser. Y todos queremos que nuestra manera de ser se respete.

En una sociedad que promueve una carrera desenfrenada hacia el éxito, el liderazgo, hacia la influencia sobre las masas, no podemos convertir nuestras familias, escuelas y lugares de trabajo en fábricas de seres iguales. Si todos fuéramos lo fuéramos, este sería un mundo muy aburrido.
Hay diversos grados de introversión. Tan variopintos como los colores de nuestra piel o la textura de nuestro cabello. Los introvertidos pueden o no tener habilidades sociales, como el resto de la gente, pero simplemente prefieren la soledad, el diálogo interno.

Las preferencias sociales del introvertido y el extrovertido son diferentes. El introvertido necesita espacio y tiempo a solas, los cuales disfruta y le brindan un ambiente de comodidad. Es muy positivo que así sea. Les gustan los lugares conocidos y la gente conocida. Esto no significa que no les interesen sus semejantes, sino que disfrutan tener un círculo social pequeño. Estar con otras personas drena su energía, aunque hayan pasado un buen rato, nos sigue acalarnado Cain, aiutora del libro Quiet: The Power of Introvert in a World That Canb´t Stop Talking, el cual podríamos traducir como Los tranquilos, el poder de los introvertidos en un mundo que no puede dejar de hablar.

¿LUGARES LLENOS DE GENTE? NO, GRACIAS

"Preferimos actividades que podamos realizar solos o entre muy pocas personas. Ejemplos de ello son la lectura, la escritura creativa, el arte, la música. Optamos por la soledad y el anonimato. Pero en ello encontramos felicidad. Para nosotros, el trabajo en grupo, las convivencias o los lugares llenos de gente son incómodos y molestos." nos confiesa Mathioly Guerra, quien según su madre, Justina Guerra, era tan introvertida que muchas veces temió que fuera muda.

Al introvertido no le gusta llamar la atención, aunque sea positivamente. En situaciones de muchedumbre o de muchas cosas sucediendo al mismo tiempo, probablemente se sientan aburridos, cansados y faltos de emoción. Realmente estas situaciones no les interesan, señala Carol Bainbridge, psicóloga con un doctorado con enfoque en niños superdotados en el área verbal y madre de un niño superdotado, en uno de sus artículos para el sitio de internet estadounidense giftedkids.about.com.

Según Baindbridge, la interacción social de un introvertido es distinta de la del extrovertido. Escuchan a su interlocutor, lo miran a los ojos, no lo interrumpen. Su conversación es legítima, en lugar de ser una espera perenne por su turno de hablar y ser escuchado. Probablemente no miren a la cara a la otra persona cuando sea su turno de hablar. No les gusta ser interrumpidos, cuando leen, hablan o están concentrados en algún proyecto y sólo participarán de temas que les interesen. Les encanta pensar y llegar a sus propias conclusiones. Los niños introvertidos son perfectamente conscientes de su interior y su exterior, llegan a conocerse a sí mismos, son observadores y detallistas. Tienen un excelente filtro para la información que les interesa y para la que no, pero si los etiquetamos e intentamos cambiarlos, podríamos estar acabando con su autoconfianza y autoestima.

"Entre las ventajas de ser introvertido se puede mencionar un mayor grado de introspección, capacidad de análisis. Se piensa más antes de decir algo. Ante la presión de grupo, los niños introvertidos son casi inmunes. Pueden decir que no con facilidad y bloquear las actividades que les parecen pérdida de tiempo o que no les interesan. Se regocijan con los pequeños detalles. Tienen más capacidad de asombro." elabora el terapeuta Jonathan Fonseca, sobre la personalidad de estos niños.

FUI UN NIÑO TÍMIDO
Alfred (24 años) considera que fue un niño tímido. “Me escondía tras las faldas de mi mamá. Desde los tres años me enviaban al preescolar para que superara la pena. Mamá me metió en clases folklore, piano. Intentaron que  formara parte de la coral poética, pero allí si no me dejé. Tampoco me puse disfraz de pollito una vez. Hoy me considero una persona introvertida, pero creo que sí tuve rasgos de timidez que con las actividades grupales pude superar. Me encanta leer, conducir al amanecer, caminar y estudiar. Disfruto actividades en soledad, pero no tengo problemas para relacionarme con otras personas.”

SER INTROVERTIDO ¿SÓLO TIENE VENTAJAS?
Nuestra sociedad pareciera requerir ser extrovertido como una competencia necesaria para desempeñarse, pero ¿cuáles son las desventajas de serlo?

Jonathan Fonseca nos contesta: "Toman decisiones rápidas. Pueden equivocarse fácilmente. No se miden bien las consecuencias de los actos. Tienen que sucederles cosas fuertes para que reflexionen sobre las decisiones que tomaron. No toleran el silencio. No disfrutan estar consigo mismos, en meditación. Prefieren estar acompañados. No les gusta ir al cine, ni a los restaurantes solos. Se sienten incómodos. Quieren que los acompañen a ir al baño y ese tipo de conductas. Necesitan atención constante de terceros. Pueden ser impulsivos. Estas no son reglas inflexibles, pero sirven de parámetro."

Es sumamente importante que cambiemos el paradigma de que ser introvertido es un defecto. El niño introvertido no necesita ser ayudado, necesita ser comprendido. La introversión es una cualidad que nuestro intenso medio trata de disminuir, entre otros muchos valores que caen en desuso. Igual de importante para un padre que sospecha que su niño es introvertido, es diferenciar la introversión de la timidez, de la depresión, el autismo o de un problema serio del cual el niño no quiere hablar. Así que ante las dudas, no lo piense dos veces y consulte varias opiniones expertas, principalmente si la personalidad del niño cambia abruptamente.

Pero en caso de que le diagnostiquen “introversión”, colóquese en un lugar mental adecuado para apreciar las riquezas que ese tipo de personalidad traerá a la vida de su niño y enséñelo a amarse y a poner sus talentos a trabajar por su propio bien y el bien de quienes le rodean.

martes, 25 de febrero de 2014

El último punto

Ciudad de Panamá, 20 de enero de 2014. 12:45 P.M. Mientras usted almorzaba con su familia o se quejaba del alto costo de la vida, de que la oferta electoral da pereza o de que es una desgracia tener que pagar Seguro Social, los cirujanos cardiovasculares del Hospital de Especialidades Pediátricas, le cosían el último punto al corazón de mi hijo, y de la mano de Dios, nos regalaban una nueva oportunidad de ver la sonrisa de mi guerrero.

Les comparto esta historia, muy resumida, porque si bien conozco la desilusión de mi pueblo ante las promesas incumplidas de todos los que se sirven del poder y de los sueños de la gente, también deploro la incapacidad de la Humanidad de reconocer que aún hay gente que hace su trabajo con amor. Gente que aún cree en la vocación y que pone su talento al servicio de los demás.

Cuando hace algunos años escribí “Carta de una madre agradecida” no sabía que sólo había visto la punta del iceberg. Con el tiempo me di cuenta de que mi hijo había nacido para propósitos mucho más elevados de los que yo había soñado. Nació para salvar mi vida, tocar el corazón de todos los que nos quieren y manifestar la gloria de Dios, que en su plan perfecto permite cosas que parecen terribles para que la gente aprenda a amar de verdad y no como en las películas románticas.

Bajo el criterio cauteloso y audaz al mismo tiempo del Dr. Miguel De La Rosa, esperamos pacientemente por 5 años y medio, hasta que llegó el momento preciso de realizar la cirugía de corazón abierto que corregiría los defectos cardíacos con los que mi niño nació. “Olvídate de Boston. Olvídate de Bogotá”, me dijo con humildad, pero con seguridad demoledora. “Ese corazón lo operamos aquí”. Será odioso comenzar una lista del equipo que se organizó para la operación porque alguien se quedará por fuera. El Dr. Manuel Ochoa, cirujano cardiovascular al mando de la operación junto a la Dra. Thais Coronado, anestesióloga, se llevaron a mi "Cutín" en brazos hacia el quirófano, dejándome con mi rosario en mano y una sobrenatural certeza de que todo iba a salir bien. El Dr. Ricardo Aguirre también se unió al equipo de cirugía y obvio, mi querido Dr. De La Rosa practicó los últimos estudios previos al bisturí. Sé que adentro habían enfermeras, instrumentistas, ayudantes que conocen a mi pequeño desde el día que entró al hospital en ambulancia por primera vez, residentes de anestesia, auxiliares. A todos ellos mis bendiciones.

Les estoy hablando de cirugía de corazón abierto. Ni más ni menos. De esas en las que detienen el corazón del paciente, hacen circular la sangre de todo el cuerpo por una bomba, mientras reparan un corazón partido, luego lo vuelven a conectar, lo reaniman y cierran. Suena sencillo ¿no?

Contrario a lo que podrían pensar, el tiempo se pasó volando. Entre los amigos y familiares que sostuvieron mis manos y las de mi esposo durante aquellas horas, los padrenuestros y avemarías y posts de Facebook, Twitter y Whassap, nos anunciaron que los objetivos quirúrgicos se habían completado y que pronto enviarían a mi Juan David a cuidados intensivos. Esto fue un lunes. El viernes a mediodía, mi hijo estaba en casa. Sonriendo.

No compren mi historia porque es mía. Cómprenla porque esto pasa al menos dos veces, cada lunes, durante todo el año en un hospital estatal, pequeño y con muchas limitaciones, pero lleno de amor y compasión. Una cirugía como esta debe costar unos 120 mil balboas en el exterior. Y estoy siendo muy conservadora, pues no cuento los pasajes, la estadía ni la carga emocional de no estar cerca de casa. El cuidado postoperatorio fue perfecto. Las cicatrices son discretas y Juan David nunca ha sonreído tanto como después de su intervención. La posibilidad que estos profesionales nos ofrecen, en nuestro patio, por nuestros médicos y profesionales de la salud, debería ser motivo de orgullo y esperanza, para familias como la mía, que no estábamos preparadas para depender de nuestro seguro social y para todos los panameños que gozan de salud.

En Panamá, también pasan cosas buenas. Todos somos Panamá.

Tan poca vida: un viaje hasta los límites del dolor

Creo que no estoy sola. He visto varias reseñas que se quejan del exceso de páginas al principio de la obra. Compré el libro el 3 de marzo d...